Meditación

Alas y raíces
en el centro
cuando me encuentro
dentro y fuera de mí.





Aries, el Carnero

Lo primero que se estudia en Astrología son los signos. Zoodíaco significa en griego: rueda de animales. La eclíptica, el camino aparente del sol visto desde la Tierra, está dividida en 12 sectores de 30° cada uno: los signos. El zoodíaco es una matriz simbólica donde los planetas toman el color, el cómo, del signo donde caen.

Desde el 21 de marzo hasta el 20 de abril el Sol está en el signo de Aries. La Astrología occidental nace en el hemisferio norte, por lo tanto, es el inicio de la primavera. La semilla es en la oscuridad. Contenida por la tierra cansada de invierno, expectante por la belleza del calor y su promesa. La semilla está hundida en la memoria de lo que ha sido y en la potencia de lo que podrá ser. No sabe dónde se dirige pero la chispa divina late incesantemente en ella. Todo comienza porque ella está comenzando.  Despierta y se abre paso. Será transformada, será trascendencia. De ser punto será esfera.

Aries es signo de Fuego, polaridad positiva, cualidad cardinal. Pasión que inicia y choca. Su color es el rojo. Su metal, el hierro. Es regido por Marte. Yo soy, su expresión clave.
Para una mirada más profunda recomiendo leer a Hein Steehouwer (Simbolismo del Zodíaco de Johfra), Oswald Wirth (El Simbolismo Astrológico), Dane Rudhyar (Zodíaco) y Eloy Dumón (Manual de Astrología Moderna). Yo sólo hablaré de la imagen arquetípica, el carnero.

Primero necesito exponer brevemente la cuna de la Astrología. La Mesopotamia. Cultura Caldeo Asiria. En la cuenca de los ríos Eufrates y Tigris. Hoy, Irak, región comida por la guerra imperialista de los Estados Unidos (Argentina será comida si se firma con los USA el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica). Baja Mesopotamia eran los caldeos, al sur, orillas del Eufrates, capital Babilonia. Alta Mesopotamia, los asirios, al norte, orillas del Tigris, capital Niníve. Sur luchando contra Norte. Norte luchando contra Sur. En un periodo (3000 a.c. - 539 a.c.) de varias etapas: 1) Sumerio-Acadio: los sumerios (escritura cuneiforme, es decir, ¡los primeros escritores! y creencia de que la humanidad había sido creada por los Anunnakis, seres de otro planeta) son asimilados por los acadios, fundadores de Babilonia 2) Primer Imperio Babilónico: los acadios (con Hamurabbi, autoproclamado rey de Sumer y Acad) dominan a los asirios, es el cénit de la ciudad de Babilonia 3) Imperio Asirio: los asirios recobran su libertad y forman un estado independiente y poderoso 4) Segundo Imperio Babilónico: los caldeos refundan Babilonia (Nabucodonosor II). Más tarde Babilonia es conquistada por Ciro el persa. Su hijo, Cambises II, en 525 a.c., conquista Egipto. En el año 334 a.c, los persas caen por la astucia y la espada de Alejandro Magno. En 146 a.c. es la batalla de Corinto, Grecia se transforma en una provincia romana. Así es el hilo celeste de la Astrología, a grandes rasgos. Así es el hilo rojo de la historia humana, rojo sangre. En lo que refiere a la Edad Antigua. Astrología de los saberes sumerios, asirios, caldeos, egipcios, persas, griegos y romanos. Saberes que en la Edad Media serán complejizados por musulmanes, en primer y esencial lugar, judíos y cristianos.

Es imprescindible para entender Aries saber que la observación del cielo fue lo que permitió el desarrollo de los pueblos antiguos. Era de vida o muerte reconocer las señales que permitieran asegurar la cosecha, a la vez que los orientaba respecto de cómo aplacar dioses maléficos y consagrarse a dioses benéficos, cuya manifestación eran los cuerpos celestes. Astronomía y Astrología eran una. La construcción de la matriz zodiacal fue resultado de la necesidad de poner orden a ese afuera, peligroso y vasto, misterioso y cambiante. Dice el I Ching, Hexagrama 3, La Dificultad Inicial, “Las nubes y el trueno se representan mediante ciertas ornamentaciones lineales, vale decir que dentro del caos de La Dificultad Inicial ya están dados los gérmenes del orden. Así, en tales épocas iniciales, el noble debe estructura y ordenar la inabarcable y confusa plenitud, tal como va devanándose las hebras de una madeja de seda y uniéndose en hilos. Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”. Y en el Hexagrama 13, La Comunidad con los Hombres, “Así como los cuerpos luminosos del cielo sirven para la participación y estructuración del tiempo, también la sociedad humana y todas las cosas que forman conjuntos, han de estar orgánicamente estructuradas”.

¿Qué es un carnero? Es el macho adulto de la oveja. Las ovejas son mamíferos rumiantes ungulados.  Ungulados significa que son de gran tamaño, con la cabeza en largo hocico, cuatro patas iguales, cola pequeña y forma cilíndrica.  Pueden moverse velozmente. Tiene buen olfato y buen oído pero es la vista el mayor de sus sentidos. Se le llama visión binocular, es decir, los ojos trabajan en equipo, las imágenes que reciben se superponen y crean una imagen tridimensional, que les permite tener un campo de visión más extenso y de esa manera prevenirse de acuerdo a la distancia de sus depredadores. Son sociales. Y herbívoros. Las ovejas tienen pezuñas. Su cuerpo está cubierto de lana. La gestación de las crías es de cinco meses. Los carneros tienen la particularidad de no cambiar los cuernos. Y los usan para defenderse y para combatir rivales y conquistar a las hembras. En 2003, la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica determinó que el nombre de las ovejas domésticas es Ovis Orientalis Aries. Son animales dóciles, como la vaca. Recordemos que en el I Ching, Hexagrama 2, La Tierra tiene la figura de una vaca, docilidad significa ser manso frente al destino, es decir, comprender sabiamente aquello que viene por la voluntad del cosmos. Según la Wiki: “un estudio publicado en la revista Nature por Keith Kendrick, profesor de la Universidad de Greshman de Londres, las ovejas pueden distinguir entre las diferentes expresiones de otros animales pudiendo detectar los cambios en los rostros”. Las ovejas han sido importantísimas en el desarrollo de los pueblos de Mesopotamia, pastores y guerreros, agricultores, ganaderos y comerciantes. El carnero es el rey de las ovejas, el que permite la perpetuidad de su especie.

La fiesta más trascendente y popular de los caldeos (cuyos sabios eran astrólogos), era cuando el Sol entra en Aries, el equinoccio de primavera, intersección de la eclíptica y el ecuador celeste. Dice el I Ching, Hexagrama 59, La Disolución, “Al llegar los suaves aires de la primavera, se disuelve la congelación y lo disperso en bloques de hielo vuelve a reunirse. Lo mismo acontece también con el ánimo del pueblo. A causa de la dureza y el egoísmo se congela el corazón y esa rigidez lo separa de todo lo demás. El egoísmo y la avidez aíslan a los hombres. Por eso es necesario que una devota emoción se apodere del corazón humano. Éste ha de soltarse en sagrados estremecimientos de eternidad que lo sacudan con la intuición de la presencia del Creador de todos los seres, y lo unifiquen gracias al poder de los sentimientos de comunidad durante la sagrada celebración de la adoración de lo divino”.  

Algunos monumentos muestran escenas de reyes asirios con un carnero entre los brazos1. La expansión militar era la manera en que el rey guerrero perpetuaba su comunidad. Los reyes asirios eran temidos por su desempeño feroz en las batallas “Me precipité como el fuego devorador contra todos los ejércitos rebeldes, como el dios Bin, el inundador. Por la gracia de Assur, mi dueño, avancé hacia mi presa para destruirla; como tempestad devastadora, derramé el estupor en mis adversarios. Por la protección de Assur y el huracán de la batalla, quebranté el poder de su resistencia e hice vacilar su firmeza…” 2.

En la visión del profeta Daniel, revelada a Nabucodonosor II, el carnero con cuernos desiguales es el Imperio Medo-Persa. El carnero para los egipcios representaba al dios Amón (semejante a Anu de los sumerios, Assur de los asirios, Marduk de los caldeos), era signo de poder y fertilidad.  En algunas teorías el mito griego del vellocino de oro (lana de oro del carnero, que salva a Frixo y después es transformado en la constelación de Aries) representa la llegada de la ganadería a Grecia. Para los romanos el carnero representaba la reproducción de la naturaleza. Jehová dio un cordero a Abraham, para salvar a Isaac del sacrificio, el carnero se sacrifica para la absolución de las transgresiones. Pienso ahora que si el carnero era la fuerza de Mesopotamia, no es de extrañar que fuese luego el animal elegido para ser sacrificado. Las evidencias históricas suponen que la mayor parte del antiguo testamento fue escrito en la época del doloroso e injusto cautiverio del pueblo judío en Babilonia.

Aries es primavera. La primavera es abundancia. El carnero ha sido la semilla de la identidad de Mesopotamia. Su leche y su carne, alimento. Su lana, hilado. Su piel, ofrenda a los dioses. Su cuero, material para unir maderas en la construcción de barcos y material para la confección de finas prendas reservadas a los nobles y a los guerreros.

Pienso en mi Aries interior. Me doy cuenta que mi carnero avanza, siempre avanza, con la intuición del Fuego. Su energía es joven y fuerte. Parece inagotable. A veces domina. A veces embiste. Será mejor que sólo busque liderarse a sí mismo. Confía en su rapidez y su pasión. No espera a otros. Es frontal. Impulsivo. Sólo tiene noción de sí mismo, sin embargo la justicia habita en él, será que sabe sin saberlo que al igual a la semilla deberá dejar de ser quien es para transformarse en algo distinto, más grande. Vive en la aventura y el entusiasmo. Es valiente mi carnero.

Tanta sangre histórica y no cambiamos tanto. La guerra ahora la hacen un puñado de hombres sin rostro, con sus armas ideológicas, en primera instancia. Menos mal que no me obsesiona el pelo con frizz y sé que Coca-Cola no destapa mi felicidad. Mientras escribo esto alguien muere de hambre, alguien muere en la guerra, y la mayoría muere mientras vive siendo otro. Un animal sufre. Un animal es muerto. La selva cae. La tierra ruge. Recuerdo una historia que me compartieron en Tao. La verdadera razón por la cual Dios desterró del Cielo a Lucifer. Es vulgar, dijo el diablo, es inferior a cualquiera de nosotros, jamás voy a adorar al hombre. Todavía Dios espera que la virtud humana sea tan grande que el diablo pueda conmoverse por su creación, cuando finalmente, se asemeje al creador.










Fuentes

1 y 2 Historia y Artes: La vida privada de los antiguos, I, Egipto y Asia, R.Menard y C. Sauvageot



Stellium en Aries

Soy lo que soy

Entiendo que los sentidos, a veces, son traicioneros, algunos taoístas les llaman bandidos cuando se conectan a una mente vulgar. Pero también comprendo que estamos encarnados, el organismo es un recurso para conocernos, el cuerpo es un maestro. La enfermedad puede ser un mensaje amoroso de un organismo que está mostrando un aspecto de la personalidad que se niega o desconoce. Un organismo que está pidiendo a gritos ser escuchado, así me enseñaron en Gestalt. Por otro lado, como poeta, puedo decir: los sentidos son la puerta de la magia. Nos anclan a las raíces y a las plumas. Mis ojos me permiten contemplar la bondadosa Luna, mi piel se estremece cuando el viento del otoño, escucho la voz de los pájaritos en comunión, siento el olor del árbol añejo que parece latir cuando lo abrazo, nadie puede explicarle a nadie el sabor de un chocolate.


En Occidente se nos alenta a vivir en los sentidos porque nos vuelven potenciales compradores. Cualquier objeto, cualquier estatus, cualquier vínculo que la publicidad propone me hará feliz. Siempre y cuando sea otra. Las bombas son nucleares e ideológicas, igual de efectivas. Se destruye el posibilidad de amor por uno mismo. Sé delgada, sé hermosa, sé joven, sé pelo brillante, sé auto, sé ropa, sé casa, sé vacaciones, sé profesional, sé madre. Las mujeres la seguimos teniendo más difícil.

Sé otra. Sé otra. Sé otra. No te sientas plena siendo vos misma. Si rasgás el velo y sos vos misma, probablemente te des cuenta que no necesitás las mierdas que te venden.

En el ámbito espiritual también a veces aparece lo mismo. Sé Jesús, sé Lao Tsé, sé Buda, sé Confucio, sé Mahoma. Es necesario en el sendero nutrirnos de los sabios, referentes para hacer crecer lo más noble dentro de cada uno. Pero encontrando nuestra manera, nuestro color. “No hay mayor milagro que darte cuenta: eres tú mismo”, dice OSHO. Si me exijo ser Jesús nunca seré yo misma, porque no soy Jesús, soy María José. En este punto me parece muy peligrosa la moda de "amo a todo". Es decir, un iluminado ya llegó, ya es parte del misterio, respira amor porque es amor, está en dios, está en sí mismo y fuera de sí mismo, el resto de nosotros, humanitos, simples y pequeños, no, somos peregrinos aún. 

Cuando crece el observador, cuando la mente toma el lugar que le corresponde, fiel servidora, puedo decir que me ilumino. Pero al menos en lo que a mí respecta tengo brotes de amor, de iluminación, no vivo permanentemente en ese estado. Y si bien nunca dejaré de buscar fundirme finalmente con Dios, no creo que lo alcance en esta vida. Y darme cuenta de esto, me relaja. 

Aquello de “amo a todo” a veces me parece una postura peligrosa, una manera de reprimir. Y de alentar la peor soberbia, la soberbia espiritual. Somos humanos, sentimos tristeza, sentimos angustia, sentimos odio, sentimos bronca. Me parece que la clave está en transitar eso que vamos sintiendo de una manera cuidada y productiva, por ejemplo, encerrarte en tu habitación, rodeada de almohadones, cerrar los ojos y darle lugar a lo que sea que ocurra, si es bronca, ser broca, después de un rato, se transformará en algo distinto, un recurso, una llave, una puerta.  

No es magia, es valentía y disciplina. Si en vez de transitar mi bronca, por ejemplo, recito un mantra de amor, yo no creo que lo esté trascendiendo, creo que estoy reprimiendo y a la larga, saldrá por otro lado. Quizá será mi cuerpo y el síntoma quienes me lo enseñen. 

Alquimia es transmutar, y para eso, tengo que meterme con la oscuridad, mi cuervo negro, tengo que verla, hacerme cargo de que es parte de mí, primer paso para la trasformación. 

Somos un proceso, como lo enseña el I Ching, los 64 hexagramas son diversos, hay de mucha luz y hay de mucha oscuridad, y cambian constantemente. En el Tarot de Marsellla el arcano que inicia el último septenario es justamente el Diablo, encontrarse con la sombras, para volver del viaje más sano y más sabio. En Astrología tenemos a Marte, planeta de la agresión, que hoy parece mala palabra, pero la agresión bien orientada es útil y necesaria. A veces es necesaria para poner límite, para preservarnos. Incluso a veces la agresión se interioriza, muchas enfermedades autoinmunes muestran esto, hasta en el plano mental, donde los pensamientos desvalorizantes dan cuenta de que estoy arrojando dentro de mí aquello que no arrojo afuera, que me viene y no discrimino. Los riñones saben discriminar lo útil, inútil o tóxico para la totalidad, hacia afuera lo que no sirve.


Y en otra dimensión, más allá de que podamos entender la Ley de Karma me parece que es digno sentir bronca, sentir tristeza, por un pibe que duerme en la calle, por un animal que es maltratado, por el hambre de tantos hermanos, por la tierra que es devastada por el hombre. Eso también nos vuelve humanos. Y creo que es una perla para darnos cuenta que tenemos que seguir en el sendero, para ser más virtuosos, para ver lo esencial, lo que ve el Principito, y acompañar a otros a que descubran por sí mismos que también lo pueden ver. Cuando se ve lo esencial ya no existe el "ser lo que el sistema nos pide", tampoco la exigencia de “ser un santo”, sino la aceptación y el amor por ir siendo cada uno lo que va siendo, desde la elección. "Amá a tu enemigo como a ti mismo", primero el amor es hacia uno, el perdón, el respeto, la compasión, desde adentro se va expandiendo hacia todo lo que rodea. 


¿Ustedes qué piensan?


Karma

No recuerdo haber tenido comprensión tan estremecedora sobre la Ley de Karma que ahora. Debe ser Urano en tránsito, conjunto a mi Sol ariano. El rayo ilumina y se oye el trueno. Mis cruz encarnada es sacudida, poco está escapando a mi llama. Estoy dispuesta a ver. OSHO dice que para ser un gran santo primero hay que ser un gran pecador. Y me doy cuenta que si me dieran un día por cada uno de mis pecados, sería bíblica la duración de mi vida. Un día por cada vez que herí a alguien, que menosprecié, que no vi su valor, que desmerecí. Me doy cuenta con más claridad aquello que dice Nana, ¿por qué no a mí? Y entiendo el por qué sí. Y lo recibo. Quizá todas mis causas vulgares encarnaron en el cuerpo de aquel que me hirió de gravedad. Pero no de muerte. Y lo recibo. Y me doy cuenta. En la balanza, mi corazón ha sido más pesado que la pluma. La diosa Maat no me lanza al monstruo pero sí a la aceptación de que hay maestros. Recibo lo que me corresponde, lo que necesito para evolucionar. No dejaré de equivocarme, pero trataré de ir más alerta a mi oscuridad. 


Los cuatro fantásticos

Dicen que lo obvio a veces es lo más difícil de ver. Por eso lo evoco. Primero. El Fuego calienta, da luz, purifica, transforma, cauteriza, puede crear y puede destruir, siempre busca crecer, transforma. La Tierra recibe, sostiene, limita, contiene, es concentrada, es fija, organiza, es práctica. El aire se expande, transmite, conecta, no discrimina, dispersa, no tiene límites, integra, reúne. El Agua absorbe, une, disuelve, toma la forma de lo que la contiene, nutre, limpia, refleja.

Los antiguos griegos consideraban que en la naturaleza confluían cuatro fuerzas. Se les llamó cualidades. Dispuestos en una cruz: al norte Cálido; al sur, Frío; al este, Seco; al oeste, Húmedo. Lo cálido es la fuerza centrífuga, la expansión. Lo frío es la fuerza centrípeta, la concentración. Lo seco es lo tenso y lo limitante. Lo húmedo es lo flexible y lo adaptable. El devenir de las estaciones daba cuenta de esto. Al agrupar las cualidades en pares se conformaban los elementos. El Fuego es la unión de cálido y seco. La Tierra es la unión de seco y frío. El Aire, húmedo y cálido. El Agua, frío y húmedo. Siempre la primera cualidad es mayor a la segunda. Empédocles, poeta y vegetariano (“yo fui en otros tiempos un joven y una niña, un arbusto, un pájaro y un mudo pez” fr.117), creía en un ciclo cósmico, de ritmo cíclico, donde las cuatro cualidades son el origen, por eso las llamó Raíces. Y utilizó imágenes míticas: Zeus (representaría el Fuego),  Hera (Tierra), Nestis (Agua) y Aidoneo (Aire). Será el amor y el odio, la Amistad y la Discordia, las energías que configuran el proceso por el cual aparece, evoluciona y desaparece nuestro universo. Aristóteles se inspira en el poeta y en Platón (mundo sensible donde están los elementos) y desarrolla su visión física de la naturaleza, donde los cuatro elementos Fuego, Tierra, Agua y Aire están presentas en cada partícula de la materia. Empédocles me recuerda a Carl Sagan cuando dice: somos un “conjunto de moléculas orgánicas”, pero es el ordenamiento de las moléculas al combinarse lo que nos vuelve únicos. Me gusta pensar que también son el amor y el odio las energías que ordenan nuestro proceso de crecimiento, definen nuestra salud y evolución.

Los fenómenos de la naturaleza están presentes en el interior de los hombres. Así lo demuestra el I Ching, libro sapiencial y oracular, donde Yang y Yin, Cielo y Tierra, se combinan y generan la Montaña y el Lago, el Trueno y el Viento, el Agua y el Fuego. Comprender el sentido de los signos y sus combinaciones es una manera de entrever las leyes cósmicas que rigen el orden horizontal, humano. Comprender los fenómenos de la naturaleza y su correspondencia en el corazón para saber actuar. “Lo claro, al irradiar la luz, requiere la presencia de lo perseverante en su interior, para no quemarse del todo y estar en condiciones de iluminar en forma duradera”, Hexagrama 30, Li, Lo Adherente, el Fuego. “La verdadera quietud consiste en mantenerse quieto una vez llegado el momento de mantenerse quieto, y en avanzar una vez llegado el momento de avanzar. De esta manera quietud y movimiento están en concordancia con los requerimientos del tiempo, y así hay luz en la vida”, Hexagrama 52, Ken, El Aquietamiento, La Montaña. “En la naturaleza lo que dispersa las nubes acumuladas y da lugar a una serena claridad del cielo, es el viento. En la vida humana, se trata de penetrante claridad del juicio que aniquila todas las sombrías segundas intenciones”, Hexagrama 57, Sun, Lo Suave, Lo Penetrante, El Viento. “El agua da un ejemplo para la conducta correcta que corresponde en tales condiciones. Fluye y fluye y rellena todos los lugares por los que pasa hasta sus bordes y nada más; no retrocede ante ninguna caída, y nada le hace perder su índole propia y esencial.”, Hexagrama 29, K´an, Lo Abismal, El Agua. Si bien en la cosmogonía china los elementos son cinco: madera, fuego, tierra, metal y agua, yo nací en Buenos Aires, en mis huesos la cultura occidental, la búsqueda de unión. Elegí la Montaña duplicada como representante de la Tierra y el Viento duplicado como representante del Aire, porque considero que Yang y Yin son fuerzas, a la manera de Empédocles, y el resto de los signos, raíces. Al estudiar el Hexagrama Li pensé en el signo de Sagitario, adherirse a un ideal elevado para perseverar, le flecha del centauro se dirige al cielo. En el Hexagrama Ken pensé en Virgo, movimiento y quietud mental, tal como el movimiento y la quietud de la virgen al recoger la cosecha, la discriminación. En el Hexagrama Sun pensé en Acuario, que vence las segundas intenciones del egoísmo en función de algo superior, comunitario, el aguatero que derrama sus aguas sobre todo y todos, sin distinción. En el Hexagrama K`an pensé en Escorpio, la fortaleza frente a la adversidad, el escorpión oculto en las aguas, que sabe defenderse.

Estamos habitados por los elementos. Pueden ser nuestros aliados. Eliphas Levi en Dogma y Ritual de Alta Magia, segundo volumen, dice sobre los elementales, los seres de los elementos: “es preciso ser prontos y activos como los Silfos (Aire); flexibles y atentos a las imágenes como las Ondinas (Agua); enérgicos y fuertes como las Salamandras (Fuego); laboriosos y pacientes como los Gnomos (Tierra)”. Los arcanos menores del Tarot de Marsella, que son la baraja española que usamos para jugar (sin la figura de la Reina, que sospechosamente se perdió en el camino) tiene cuatro palos que representan a los cuatro elementos: bastos es Fuego (deseos), copas es Agua (sentimientos), oros es Tierra (acciones) y espadas es Aire (pensamientos). Elementos presentes en la Carta I, El Mago y la Carta XXI, el Mundo.

En Astrología, el análisis de la preponderancia y carencia de los elementos es una de las primeras acciones al momento de estudiar una Carta Natal. Estos cálculos determinan la Función Superior, Función Auxiliar y Función Inferior, planteadas por Jung, que también usamos. Según Eloy Dumón, en su Manual de Astrología Moderna, el Fuego (color rojo) “hace a las personas entusiastas, alegres, vigorosas, confiadas en sí mismas, optimistas, ardientes, activas, apasionadas, intensas en la emoción, amiga de la buena vida, de los deportes, del ejercicio y de las aventuras”; “las personas de Tierra (color verde o marrón) tienen rasgos de solidez, de seguridad respecto de lo práctico. Es gente hábil, de trabajar duramente, sencilla y con sentido común; es más cuidadosa, cautelosa y fría, desconfiada, calculadora, indecisa frente a personas más ágiles y decididas”; “las personas de Aire (color amarillo) tienden a dar mucha importancia a la comunicación, en cualquier forma que sea. Su tendencia es a razonar, estudiar, investigar; son intelectuales, inteligentes, trabajan en el plano de las ideas; les agrada conectar los pensamientos, a las gentes y a los lugares”; “las personas de Agua (color azul) suelen ser más felices cuando su fluidez es utilizada o está contenida por algo o por alguien. Son muy sensibles, intuitivas, inspiradas; cualidades que se expresan a través del arte: la música, el baile, la poesía, así como el desarrollo de las cualidades psíquicas y en la ayuda a los demás”.  Paracelso decía que “nada es venenoso, todo es venenoso: la diferencia está en las dosis.” La abundancia de Fuego puede indicar insensibilidad; la de Tierra, estrechez; la de Aire, im-practicidad; la de Agua, ocultamiento. La carencia de Fuego puede indicar pesimismo; la de Tierra, irresponsabilidad; la de Aire, aislamiento y la de Agua, superficialidad.

Vuelvo a lo obvio. El Fuego entonces me hace pensar en la pasión y en el futuro. La Tierra en la conservación y en el presente. El Aire en la potencia, en poder ir al pasado y al futuro. El agua en el pasado y en la sanación.   

Madrugada, la noche es estática frente al vaivén de mis pensamientos y angustia. Consulto al sabio maestro, I Ching, su consejo es K´an sobre K´an, el Agua. Estoy dispuesta a llegar más intensamente a su respuesta. En terapia, cierro los ojos, mi consciencia en mi cuerpo, lo que voy sintiendo, mi espalda está dura, la dureza llega hasta mi cuello y luego cubre parte de mi cabeza, lado derecho, en mi panza pequeñas puntadas, numerosos ruidos, en mi pecho, humedad, abismo, es agua, la siento crecer y la siento estallar cuando lloro, cuando escucho mi voz, soy un animal herido, Carlos, mi terapeuta, me está acompañando, me alenta a seguir en contacto con mi profundidad, a darme cuenta del latido de mi corazón, su incesante música que alimenta cada una de mis células, la sangre es vida, siento mis lágrimas recorrer mis cachetes, soy tristeza, tristeza que fluye y completa, me recibo, me celebro, de piel para adentro, mi fuente. Abro los ojos. En la calle me recibe la lluvia de hojas. No tengo pensamientos. Me siento triste y acuática. Estoy viva. Como una sirena que respira otoño.    










Yo asciendo con mi cuerpo

En Astrología el Ascendente (Ac) es la cúspide de la Casa 1. El eje Este de la Cruz Encarnada. La intersección del horizonte y la eclíptica al momento de nacer. Da cuenta de las características del parto. Es el Yo Soy, así me muevo, pero no un Yo Soy resultado del proceso de autoconocimiento sino un Yo Soy inmediato, que irradio, que es visto, que irrumpe en mí y se expande. Al menos en un principio, y en una elección de camino, así se vive el Ascendente. Con el zodíaco en reposo, la vibración de la Casa 1 corresponde a Aries, regido por Marte, primer signo del zodíaco, el Carnero. Signo cardinal, de Fuego. La chispa se enciende, avanza sin saber exactamente hacia dónde.

Al Ac se le llama vehículo, pues los planetas en los signos son energías que se mueven gracias a él, de allí la expresión, “los planetas salen por el ascendente”. Me gusta pensarlo en el prisma que recibe la luz blanca y la transforma en luz de colores. El espíritu es la luz blanca, el círculo vacío y central de la Carta, el misterio, que se densifica en el prisma, el Ascendente y se vuelve luz de colores, las funciones planetarias. La Carta Natal es la gestalt completa, tiene centro y tiene forma, punto y esfera, está viva. Según Alice Bailey, el Ascendente indica el propósito del alma para esta encarnación. Mientras menos consciente sea el Ascendente más fuerza tendrá en el destino, pues la energía que no es significada desde adentro, vendrá desde afuera hasta que se comprenda la correspondencia. Yo entiendo destino como: futuro (en términos de la acción humana, efectos de las causas que cada uno gesta, en la vida presente) más providencia (la mano de dios, que relaciono con Tattva Shiva-Shakti, voluntad y poder divinos, cuando la voluntad -Saturno- y poder -Marte- individuales se sintonizan con Shiva-Shakti el milagro comienza. Voluntad es el deseo perseverante de la meta a alcanzar y poder son los medios para llegar a la meta). Mientras más consciente sea la energía de mi signo ascendente más comprendo que las situaciones y personas que aparecen son la escuela donde aprenderé que yo también soy eso. Según Eugenio Carutti, el Ascendente es entrada de conciencia y salida de energía. Los planetas salen por el Ascendente, tiñe con su color la Carta, así me muestro y soy al mundo y simultáneamente el mundo se muestra y es en mí, sea más o menos consciente de ello. Dicen que el universo no nos da lo que queremos sino lo que necesitamos para evolucionar. Una y otra vez se sucederán eventos que representen la energía ascendente, cada vez con más fuerza y voracidad, hasta que pueda integrarla en mi personalidad, en las capas más profundas y luminosas.  

En el Tarot de Marsella la Carta I es el Mago, el inicio. Una figura joven y masculina, parada y en acción, sobre una mesa dispone de elementos, una moneda representa a la tierra, una copa, el agua, un cuchillo, el aire y la varita en su mano izquierda, el fuego. Tierra es acción, agua es sentimiento, aire es pensamiento, fuego es deseo. El Mago es el arquetipo del creador y en su dimensión vulgar, del charlatán y estafador. Es el Mago interior que nos dice: ¿cuál es tu deseo?, yo puedo hacerlo posible. Los elementos del Mago se transformarán en seres en la Carta XX, el Mundo, la moneda en un buey, la copa en un ángel, el cuchillo en un águila y la varita en un león.

El eje 1-7 en sus vértices dan cuenta de la polaridad: Yo-el Otro, Yo desde Casa 1, el Otro, desde Casa 7. En nuestra humanidad nos movemos en polos. Dice el Kybalion: "Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse", a esto se le llama cuarto principio, Ley de polaridad. Entonces mi Ac es mi mundo y el Descendente el mundo del otro, de un polo al otro me muevo, entro en conflicto, me cuestiono, me Doy Cuenta, transmuto, llego al equilibrio, y otra vez la rueda gira, me muevo de un polo a otro.

El Ascendente es también el cuerpo físico. El espíritu se materializa, encarna en un cuerpo que será su vehículo. En un extremo los sentidos se rechazan pues confunden, sumergiéndonos en maia, ilusión, y en el otro, en Occidente los sentidos se mercantilizan, se nos alienta a consumir, a ser en la medida de lo que tenemos. Atenta a los dos extremos trato de encontrar la síntesis, cuerpo como camino para encontrarme a mí misma. Invoco a la Terapia Gestalt y al trabajo de Fritz Perls. La técnica de Silla Vacía. Si mi cuerpo es mi vehículo, mi Ascendente, voy a entonces a conectar con mi cuerpo. De mi piel hacia adentro, lo que siento, lejos de las racionalizaciones. Que mi vehículo sea timón, que me orienta hacia donde es necesario sanar para ser yo misma. Y cierro los ojos, le hablo a ese otro, a ese órgano que ha enfermado (Enfoque Holístico de la Salud y la Enfermedad, de la Dra. Adriana Schnake; enfoque presente en Buenos Aires gracias al Dr. Carlos Gatti y a la psicóloga Nora Guinsburg) o a esa persona con la que estoy en conflicto o a ese planeta de mi Carta Natal o a ese arquetipo del Tarot o a ese elemento de mi sueño, y luego soy aquello y respondo, y vuelvo a ser yo misma, y vuelvo a ser aquello y respondo: para que lo que considero extraño o ajeno o sufriente se revele en su unidad, hago el camino de un polo a otro, atravesando grado por grado.   

Mientras escribo me doy cuenta que esencial es el cuerpo en la historia humana, cuantos lo han puesto por algo mayor que los trasciende. Cuan cierto es que el cuerpo es la manifestación del espíritu, es el medio para el aprendizaje del alma, cuando así se elige. Cuantos héroes anónimos y cuantos héroes olvidados por la historia que escribe el capital y conviene a unos pocos. Es 1 de mayo. Recuerdo a los mártires de Chicago, los anarquistas Michael Schwab, Louis Lingg, Adolph Fischer, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe y George Engel. Siguen vivos. 








Mi cruz gira

La cruz, símbolo compartido por numerosos pueblos y religiones. Desde el antiguo Egipto hasta los Andes de América. Desde Grecia hasta China y la India. Desde los celtas hasta los modernos cristianos. Revela a cada quien en la medida de su comprensión y experiencia, por otro lado oculta, sugiere una parte, tan sólo la punta del iceberg. En Astrología, la hora y lugar de nacimiento definen la intersección del Horizonte y la Eclíptica: el punto Este es el Ascendente, es decir, el signo zodiacal que asciende, a partir del cual podemos dividir la rueda zodiacal en 4 ángulos. Se le llama cruz encarnada, corresponde a los ejes del Ascendente, Casa 1 (cuerpo físico, personalidad), Fondo de Cielo, Casa 4 (raíces, hogar), Descendente, Casa 7 (pareja, asociaciones intimas, enemigos declarados) y Medio Cielo, Casa 10 (imagen pública, profesión). Como es arriba es abajo. Vengo del nadhir (Casa 4), intento ir hacia donde el sol está más alto, el zenhit (Casa 10). En cuanto a los símbolos planetarios, la línea vertical representa el principio activo y la horizontal, el receptivo, la combinación de ambas forman la cruz: lo que existe. También me gusta pensar que la línea vertical representa al Cielo, (I Ching) el principio creativo y luminoso, la idea, yang, cuya imagen es el dragón y la línea horizontal la Tierra, el principio pasivo y oscuro, la materia, yin, cuya imagen es la yegua. Todo lo que existe está en la cruz. Como seres humanos nos movemos horizontalmente, pero a veces el milagro, lo Inmanifestado irrumpe desde arriba y nos cruza, nos evidencia que también somos incognoscible, sin comienzo ni fin. La encrucijada se resuelve para revelarnos que no estamos separados. Es ese misterio que en el gráfico de la Carta Natal es el círculo central vacío. Nadie puede interpretar qué hay allí, sólo puede ser alcanzado por quien está dispuesto a entrar en el silencio, usando el puente de la Meditación.

El eje 1-7 (Hemisferio Inferior) es la vida interior, la oscilación que no vemos del péndulo, la línea horizontal, introspectiva, femenina, material. El eje 7-12 (Hemisferio Superior) es la oscilación visible, ir hacia afuera, la línea vertical, expansiva, masculina, espiritual. Desde el primer aliento traemos nuestra cruz encarnada. Puede ser una cruz de sufrimiento o una cruz que integra el dolor y busca la trascendencia. El viaje del arquetipo del Loco, carta sin número del Tarot de Marsella, el proceso de individuación definido por Jung. El viaje del héroe. Emprendo el camino para reconocerme en “aquello” que no es más que la correspondencia con lo que pasa dentro de mí. Lo que niego o lo que desconozco, lo que me fue impuesto o lo que me engrandece. Dicen que lo que el hombre no sabe de sí mismo se convierte en su destino. Cuando me paro en el centro de la cruz observo los cuatro caminos, ¿quién voy siendo? desde mi casa 1, ¿qué proyecto en el otro? desde mi casa 7, ¿de dónde vengo? desde mi casa 4, ¿hacia dónde quiero ir? desde mi casa 10. También el tendido Péladan evoca esto: un método sencillo de consulta donde se disponen cinco cartas formando una cruz, el centro es la síntesis, cómo se resolverá, el consultante más allá de sus circunstancias; a la izquierda, el pasado, lo que se posee; a la derecha, el futuro, lo que se desconoce; arriba, las aspiraciones, lo ideal; abajo, lo real y concreto, los medios con los que se cuenta.

Algunos grupos de estudio (principalmente de Taiwán, radicados en Argentina) donde confluyen taoísmo y confucionismo representan las cinco virtudes del hombre en una cruz, virtudes que nos hacen a imagen y semejanza de dios: al este, benevolencia; al oeste, justicia; arriba (que lo consideran sur), cortesía; abajo (norte), sabiduría; y en el centro, fe, como madre de todas las virtudes. Pienso entonces que si mi Ascendente es el vehículo por donde saldrán los planetas es consecuente que se trate de benevolencia, compasión, amor universal. El Descendente será la posibilidad de desplegar justicia hacia los otros y, esencialmente, hacia uno mismo. El Fondo de Cielo como sabiduría, saber aprovechar lo que heredé, nutriendo lo noble y transformando lo vulgar. Cortesía en el Medio Cielo, la humildad en desmedro de la arrogancia y el crecimiento de la prudencia. Y fe en el centro, en el círculo blanco, cuyo ideograma chino se logra de unir los trazos que forman hombre y palabra. Quizá se escribe así porque somos los hombres los que estamos llamados a cantar por la Madre Tierra. Estamos llamados a evolucionar, a ser felices. A Darnos Cuenta. A ser carne de aquello que dijo Jesús, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Como a ti mismo. El amor verdadero empieza en uno. Y conocer nuestra cruz encarnada es una manera de aprender a querernos.

En la ciencia sagrada de los números, números como potencias, 0 es el Absoluto, sólo empieza a poder ser comprendido cuando llega a 1, que es la unidad -en el 2 aparece la dualidad-. 4 es la perfección manifiesta, el cuadrado, 7 es la perfección de la virtud, y el 10 vuelve a traer a todos los números, siendo el Macrocosmos. En Marsella, la Carta I es El Mago (inicio); la Carta IIII, El Emperador (estabilidad); Carta VII, El Carro (desplegar los recursos) y la Carta X, la Rueda de la Fortuna (cambio de ciclo). Papus en su libro, El Tarot de los Bohemios, agrupa en una cruz las cuatro letras del nombre de dios: al norte, iod (lo activo); al este, he (lo pasivo); al sur, vau (enlace que une lo activo con lo pasivo); al oeste; segunda he (la transición de un plano a otro).

Cuatro puntos esenciales de la Carta Natal. Dos ejes. En el primer madero de mi cruz, el horizontal, me reconozco a mí mismo, soy único, soy un pequeño universo. En el segundo madero de mi cruz, la propuesta se intensifica. Soy un pequeño universo que a la vez es parte de un universo mayor que me trasciende y me contiene. Alan Leo especula que mientras más evolucionado es un ser humano menos se mueve en el estado terrestre de su carta natal, es decir, en los asuntos mundanos donde los planetas ejercen su energía, mientras asciende, más cerca está de la matriz zodiacal hasta que al iluminarse también la trasciende. Me gusta pensar que quien se ilumina sólo es en ese círculo vacío, sin limitaciones, en la danza cósmica, donde semilla y árbol habitan juntos. Y mientras escribo esto me doy cuenta que lejos estoy aún del misterio.


+ Agradezco especialmente a mis compañeros de Teosofía. Y a José Luis Nato, por su interpretación de mi Carta Natal.











El viaje del Loco (introducción)

Cuando tenía 20 años me deliré. Brote psicótico, delirio místico, fragmentación, locura, enajenación, cada quien lo nombra de acuerdo a sus conocimientos y experiencias, pero quien no ha estado ahí no sabe verdaderamente que es delirarse. Después de más de diez años retomo la experiencia de mi viaje, acompañada por mi terapeuta y psiquiatra gestáltico, el Dr. Carlos Gatti. Mi presente no sólo tiene Terapia Gestalt sino también Tarot de Marsella y Astrología, artes que me servirán para dar cuenta del recorrido. Y no sólo se tratará de traer mis recuerdos sino que además conservo escritos de ese viaje, es decir, mientras me deliraba, escribía. Trabajar en mi viaje del loco es una manera de buscar mi integración, de seguir sanando. De entender por qué la conclusión final de mi delirio era que tenía que ser poeta y asceta, para ayudar al mundo. 

Gracias, OSHO, compañero. 





No sé quien soy, aunque algo puedo intuir. No sé dónde voy, pero algo me dice que sí sé. Algo me dice que encontraré lo que busco. El árbol me lo dice, el canto de los pájaros, la mariposa y la hormiga, la roca y el viento. El Sol y la Luna. Tengo lo que necesito. Respiro. Canto. En mi bolso, hojas en blanco y una birome. Cada tanto aparece un gato en mi camino, que me bendice, que me alerta sobre los peligros. Hago mi reverencia y sigo adelante. Siempre es adelante. Siempre es incertidumbre. Tolero mi vacío. Avanzo a pesar del miedo. A mí no me basta con eso que ven otros. A mí me gusta mirar el cielo. Y mirar la tierra. A ellos les creo su verdad. Y estoy tratando de encontrar la mía. La seguridad del cemento no me interesa, no la elijo. Ya hay muchos que se ocupan de ello, y yo siento que mi destino tiene que ver con otra cosa. No sé bien que es. Quizá más adelante me doy cuenta. En mi bolso también hay otros elementos, son cuatro. Una varita, una copa, una moneda de oro y un cuchillo. Tengo la impresión de que me servirán. Ayer tuve un sueño con ellos, la espada se transformó en un águila, la copa en un ángel, la moneda en un buey y la varita en un león, los cuatro me rodeaban y me sonreían. Y yo, bailaba.   

2018: mi primer libro de Tarot: Mi Loco Peregrino. 

Revelaciones del Hermitaño (sobre la búsqueda del amor de pareja)

Enciendo mi lámpara. 



No necesito que me salves. No necesito que llenes mis agujeros existenciales. No necesito que cargues con mis expectativas. No quiero un amor de la media. Y ya no idealizo a ciertos hombres. No te amaré incondicionalmente. Mi condición es que seas valioso y alquimista y que veas cuan valiosa soy y cuan alquimista. Quiero que sepas, aprendo: el amor es una posibilidad, no una certeza a la cual aferrarme. Puede ser que no me llegue. Puede ser que nunca llegues. El chip de la necesidad del amor romántico, alma gemela, media naranja, etc., está siendo extraído de mi conciencia. No se trata de pasar la vida esperando tu llegada sino de hacer la vida como yo la quiero. No se trata de resignación sino de valentía. Cada día aprendo algo. Cada día buceo. Cada día una perla. El amor y el fuego aparecen de distintas maneras y colores. Soy selectiva. Soy egoista. Soy rara y me gusta. Pienso y siento intensidad y exageración. A veces equilibrio. Vivo en mi jardín del bien y del mal y de la síntesis. Como la manzana y la granada que quiero. No necesito tu costilla porque fui hecha de la misma tierra. Conozco el nombre de dios. Vivo con la belleza. Me estoy pariendo. No sé si llegarás, hombre, quizá nunca lo hagas, pero finalmente me doy cuenta de que está llegando algo más grande. Real. Transformador. Estoy aprendiendo a bailar sola.  





Circule con precaución

Mujeres trabajando en su animus.



La clave de mis ovarios


Tan lejos, hombre
siendo no sé quién.
Gira lo noche hacia tus ojos.

No existe clavo que saque otro, no en el camino donde me doy cuenta de que yo misma soy ese clavo y yo misma, la clave para trascenderlo.  

La trayectoria de la Luna alrededor de la Tierra es de aproximadamente 28 días. 28 días es la duración del ciclo femenino. Es por ello que desde la antigüedad la Luna ha tomado carácter y forma femeninos. Las curvas que construyen su símbolo ͻ, cada una de ellas, representa el proceso de receptividad. Astrológicamente, la Luna se asocia a las mujeres relevantes en la vida, a la maternidad, a los ovarios, a la forma del hogar físico y al hogar como lugar seguro construido en la personalidad. También representa cómo nos sentimos seguros. Es lo emocional, la intuición y las respuestas instintivas. El inconsciente. 

       La energía del signo de Cáncer, signo regido por la Luna, es aquella relacionada con la melancolía, la nostalgia, el romanticismo, la ensoñación, la búsqueda del calor hogareño, del clan, la patria, las raíces. Aquello que es la célula de la sociedad: la familia. 

     También la Luna es energía de pasión y misticismo. En el Tarot de Marsella, la imagen de un estanque, de cuyas aguas emergerá un cangrejo, que simboliza las pasiones ocultas, a veces peligrosas para quien no sepa manejarlas, mas allá, un perro y un lobo aúllan a la Luna, el descontrol que configura la noche misteriosa, quizá evocando a Hécate y sus hijas. El escenario, un desierto donde solamente tres plantas. Luna brillante. Cuyas gotas invertidas dan cuenta de la receptividad, la luminaria recibe la luz del Sol. Sus rayos rectos alumbran pero no dan calor (a diferencia del Arcano El Sol, que tiene ambos rayos). 

     Cuando pienso en los ciclos que la Luna dispone, pienso en los ciclos que mi feminidad constituye. Evoco a mis grandes maestros, los ovarios.

Astronómicamente la Luna cuenta con un diámetro de 3400 km2. Su superficie está formada por zonas claras y oscuras, las claras han sido impactadas por meteoritos, presentan cráteres y las oscuras han sido habitadas por material volcánico, presentan surcos. También tiene cordones montañosos. Su color es amarillo oscuro, brillante la vemos: consecuencia de su cuerpo sobre el fondo oscuro del cielo. Los dos movimientos principales son la traslación lunar (giro alrededor de la Tierra) y la rotación lunar (sobre sí misma). La influencia de la Luna sobre la Tierra es constante y poderosa, sus ciclos dan cuenta de instancias de mayor crecimiento y esplendor de todos los seres (días óptimos para siembra, cosecha, cortes de pelo, operaciones, actividades religiosas, encuentros interpersonales, ritos de magia, etc.), siendo la suba o baja de las mareas el más característico. Sus fases más importantes son cuatro: Luna Nueva, Cuarto Creciente, Luna Llena y Cuarto Menguante.

28 días la Luna tarda en girar alrededor de nuestro planeta y 28 días es el ciclo femenino que nos prepara para dar vida. Ciclo que empieza con el último día de la menstruación y termina con el día anterior al inicio de la siguiente menstruación. Los ovarios son los órganos reproductores femeninos. Son dos, tienen forma y tamaño de almendra, están alojados en la parte baja del abdomen, a ambos lados del útero, su color es blanco grisáceo. Segregan hormonas sexuales y óvulos (células sexuales). Los ovarios son los equivalentes a los testículos del hombre. El ciclo menstrual tiene cuatro fases: menstruación, pre-ovulación, ovulación y post-ovulación. En la primera, la superficie del endometrio se rompe y se desprende, fluyendo como sangre. En la segunda, los ovarios desprenden estrógenos y otras hormonas, el óvulo madura y el endometrio se engrosa. En la tercera, el óvulo óptimo viaja desde el ovario hacia el útero a través de la Trompa de Falopio, si no es fecundado, el óvulo se desintegra y se expulsa en forma de sangrado: el embarazo no ocurrió, se define la cuarta etapa. Si volvemos hacia atrás, a la creencia del matriarcado que organizaba la vida en comunidad, el mencionado ciclo configuraba una medida de tiempo que, a diferencia del propuesto en la actualidad por el sistema capitalista, no sólo se identificaba con la naturaleza sino que también entronizaba la lentitud en el sentido de respetar el movimiento y la quietud propias del devenir cósmico, frente al capitalismo que exige la productividad desmedida, el hacer por hacer en sí mismo, la acción metódica sin reflexión, la optimización voraz de las tareas laborales, la velocidad, lo descartable; los recursos humanos frente a los seres humanos. Las mujeres considerabas brujas en la edad media, muertas por la Iglesia Católica, sabían de la importancia de la capacidad orgánica de la mujer, estas chamanas, que manipulaban energías y se consagraban a ancestros, astros, y a los cuatro elementos de la cosmogonía occidental (fuego, tierra, aire y agua) y sus elementales, sabias que curaban, ampliaban consciencias e iniciaban en diversas artes, entendían el poder femenino, aquel que hemos heredado de la Pachamama, la capacidad de recibir, de ser germinada, sostener, conservar y luego soltar. 

Al igual que simbólicamente la Luna nace, crece, madura y empieza a morir, para luego volver a ser Nueva, los ovarios me enseñan el mismo tránsito. Mi nacimiento en la sangre que recibo de mi cuerpo, la certeza de mi capacidad potencial de dar vida, la profundidad más intensa de que soy mujer. La sangre es el líquido más importante del cuerpo, constituye el 1/13 de su peso total. Está formada por el plasma, su parte líquida y por las células, su parte sólida. Impulsada por el corazón, a través de las arterias y capilares lleva los nutrientes necesarios para el funcionamiento del organismo, y regresa al corazón y a los pulmones. La sangre menstrual además tiene endometrio, la piel interna del útero, donde crece el embrión. La sangre es símbolo de muerte y de vida.    

Mis ovarios que han dado vida al óvulo, aquel que crecerá, que será maduro, que viajará a la espera de ser fecundado, y que si no lo es, muere para dar comienzo a un nuevo ciclo. Mi organismo tiene la sabiduría de desprenderse de aquello que no ha podido ser. Sabe que ha de soltar para vaciarse, y que sólo en ese espacio vacío existe la posibilidad de que algo nuevo pueda ser creado. Enseñanza vital en el camino del conocerse a sí mismo, donde muchas veces los aspectos más vulgares siguen sosteniendo situaciones o personas que no han sido en la medida de nuestras exigencias. 

¿Qué pasaría si el ovario se negase a soltar al óvulo? No existiría la vida. No habría creación. Un ovario que no actúa de acuerdo a su labor, a su estructura, sin noción de la totalidad de la cual es parte y la cual lo necesita en toda su entereza, ese ovario que no está dispuesto a trabajar en sincronía con sus compañeros órganos, ese que da cuenta de aspectos negados o desconocidos de la personalidad: mensaje amoroso de un cuerpo que necesita ser escuchado. ¿Y qué pasaría si el óvulo que no ha sido fecundado se niega a desprenderse? Lo mismo que ocurre cuando el pasado no es materia de transmutación sino de repetición, donde nos volvemos víctimas del pensamiento, la nostalgia que no crea sino que atormenta. Cuando lo que pudo haber sido es presente en el sentido de que me aleja de mis emociones, de mi fuente, de mi ser real y esencial. Volver al pasado fragmentando mi aquí y ahora. Esa noche que todavía gira hacia los ojos de la ausencia que evoco. 

No existe clavo que saque otro, no en el camino donde me doy cuenta que yo misma soy ese clavo y yo misma, la clave para trascenderlo. Mis ovarios muestran que en mí, la capacidad de soltar. Sin monólogos reiterativos, sin lamentos, sin culpas, teorías, sin mandatos. Naturalmente. En ellos la clave. Si mi organismo puede hacerlo, yo también puedo.