En la antigüedad, los pajes eran jovencitos, de Sangre Noble, quienes conocían los secretos de lo que acontecía en el Reino. Más tarde, algunos se convertían en caballeros. En el Tarot pueden representar a niños o jóvenes, niñas o jovencitas. Con cierto aspecto de inmadurez¬, propio de la edad. También pueden significar situaciones, aquellas que comienzan, generalmente. Como sabemos, cada palo, representa elementos, situaciones, dimensiones del ser humano; Fuego, deseos; Tierra, acciones; Aire, pensamientos; Copas, emociones.
El paje de Bastos nos traerá las características propias de los signos de Fuego (Aries, Leo, Sagitario). Un joven contempla una vara, quizá pensando que pronto el accionar comenzará. Sus ropas son amarillas (inteligencia) y rojas (acción), más allá se observan tres pirámides misteriosas. El Fuego está listo a desplegarse. El paje de Oros (Tauro, Virgo, Capricornio) observa el pentáculo dorado, sabe lo que implica el terreno material, su inteligencia es práctica; sus raíces poderosas. La tierra es tan joven como él. Todavía no ha brotado en primavera. Pero hacia allí se orienta. El otro joven, paje de Espadas, (Géminis, Libra, Acuario) sostiene con delicadez su espada, mirando hacia otro lado, donde una bandada de pájaros en el cielo. Todo en él parece delicado. Es capaz de unir conocimientos y hechos. Aun así, parecería haber un precipicio, quizá preparado para su dispersión. Es inteligente, sabrá sortear el peligro. Comienza el pensamiento a crear. Y el último paje, de Copas, (Cáncer, Escorpio, Piscis) lleva una vestidura que es casi completamente azul, color de conexión con las verdades cósmicas. En su copa, un pez. Paje soñador, imaginativo, sensible, quizá esponja psíquica. Aparece la emoción, el Agua, tal vez el iniciar una relación sentimental, una amistad o tal vez una apertura hacia la intuición.
Meditación
Alas y raíces
en el centro
cuando me encuentro
dentro y fuera de mí.
El camino de los Oros
El firmamento dice que puedo lograrlo, empiezo, no negaré que la materialidad es importante, como el cuerpo, el templo. Puedo ser bendecida si emprendo, voy a perseguir la prosperidad. También me toca la búsqueda de equilibrio, se trata de cuerpo y alma, materia y sutilidad. Y siempre las aguas que acompañan, como emociones capaces de protegerme, si logro que la balanza cuente a mi favor. Ahora, el momento de ser acompañada, trabajar en equipo, planificar, soñar con aquello que anhelamos y llegar a materializarlo. Pero no resulta tan fácil, cuesta vencer mi apego al dinero, a los objetos, a los mandatos, a ciertos vínculos, detrás la poderosa creación material, y sin embargo, le doy la espalda. No sé cómo vencerlo. O sí sé, pero no estoy dispuesta. Y entonces, sentirme desamparada, desprotegida, en todas las dimensiones que nos hacen humanos. No puedo darme cuenta: la ayuda y la esperanza esperan a un costado. Camino ciegamente. En la dureza del frío, en la fragilidad de mi organismo. Y luego, la capacidad de dar y recibir, el círculo. El auxilio según las acciones, la necesidad. Aprendo a pedir en mi urgencia. Aprendo a agradecer. Sin embargo, más tarde, la cosecha entrega pentáculos brillantes, dorados. Yo esperaba uvas. Dirán, sin que yo sepa: no sabe leer las señales. La habita el pesimismo. No se da cuenta de la divinidad y su tesoro. A continuación, el trabajo y su esfuerzo, artesana cuya disciplina me permitirá la recompensa. Al menos eso intentaré. Perseverancia. Disciplina. Más allá, me transformo en una mujer de vestidura amarilla, el color de la inteligencia, un águila me acompaña, me recuerda a Zeus, quizá ésta es la retribución a intensa constancia. Yo misma, embriagada de fertilidad y belleza, no hubo guerra para la victoria que me contiene y me disuelve entre nueve pentáculos, frutos, árboles, montañas. Gracias, naturaleza. Soy contenida en tu cuerpo, como una flor. El último escenario, rodeada del fulgor que la familia otorga, danza de niños, jóvenes, adultos, abuelos, hermanos animales. Diez pentáculos, la exuberancia de la Madre Tierra y la habilidad del hombre. Se descubren la tradición, el amor y la alegría.
El camino de los Bastos
Se trata de mi iniciativa, de mi deseo, del fuego que se adhiere a mi ideal, sé que voy a comenzar. Ahora observo el horizonte, me apoyo en la tierra, puedo quizá expandir mi mundo, tengo que reflexionar hacia dónde, cuál es mi voluntad y cuáles mis recursos. Pero ya tengo más raíces, ya comprendí la meta y la senda a seguir, no sólo me apoyaré en mí misma sino también en mis partidarios. Más tarde, el fruto, mi refugio, embriagado de prosperidad y abundancia, estable, en calor y ternura. Luego, la competencia, en justa ley, a veces hay que luchar por lo que se desea, sin perder jamás la ética ni la moral. La dulce humanidad. Continúo. La victoria me acompaña, el laurel es mi corona: gané la batalla. Pero sé: la guerra es larga y cruel, y en verdad, nadie gana. Pero en este momento el disfrute, la compañía de quienes creyeron y creen en mí. Pero después la batalla es contra a enemigos que no puedo observar, quizá están ocultos, quizá soy yo misma la enemiga más poderoso. Me atormento, una crítica, una opinión negativa del afuera. O mis propios núcleos de oscuridad. No lo sé. Aún no lo sé. Hay esperanza más allá, los bastos se dirigen a estaquearse en la tierra, la acción persiste, con ritmo y fulgor. Tal vez con rapidez, lo que sí es seguro; el movimiento es acertado. Aunque el cauce siguiente es tan extraño. Estoy tan cansada, no sé pedir ayuda, no sé cómo terminar lo que empecé. La venda en mi frente resguarda, como si padeciera un mal. Y el final. No puedo darme cuenta dónde me dirijo. No puedo ver. Estoy exhausta. Estoy quebrada. Estoy alerta, nadie sabe que escondo un as.
El camino de las Espadas
Mi pensamiento es capaz de crear, dependerá de si soy positivo, mi creación, mi vibración, aquello que puedo decretar. También una nueva creencia, un nueva manera de pensar, es el cauce de mi pensamiento el material. Avanzo, mis ojos están tapados por una venda, mis brazos cruzados, no puedo ver la Luna, no puedo ver el agua: no puedo integrar mis pensamientos y mis emociones, no confío en mi intuición, estoy bloqueada. Más allá, mi corazón y su herida, duele, hunde, este es mi duelo: “llueve en mi cabeza como una tragedia”1. Ahora parece que morí, sin embargo, mi inmovilidad tiene que ver con el silencio, con la parada que necesito para reflexionar. Sigo, gané la lucha, mi inteligencia me acompañó, en justa ley, la derrota no me pertenece. Pero hay instancias donde necesito encontrar una salida, atravesando quizá mis emociones, no huyo, enfrento y cambio, lejos de situaciones que pudieran dañarme. Camino. Como Ulises, “rico en ardides”2, encuentro una estrategia, me siento ágil, supe aprovechar la situación, me siento relajada. Pero el sendero continúa, y otra vez, mis ojos están vendados, mi abdomen, mi panza, parte de mis piernas. Siento que no hay salida, el pensamiento determina mi emoción y mi padecimiento, sin embargo, las espadas no me rodean por completo. Si abro bien los ojos: encontraré la salida y el camino a casa. Y ahora, circular el pensamiento, parásito, carcomiendo hasta mi cuerpo, mi descanso, la posibilidad de dormir y de soñar. Finalmente, me siento derrotado, como si mi propia psiquis ha sido capaz de matarme, aun estando vivo. Pero mi capa es roja, pero miro las aguas. Quizá encuentre el misterio y la resolución, como el viento, que dispersa juicios, mandatos, deberías.
1- Canción de Eurythmics: “Here comes the rain again”.
2- La Odisea, de Homero.
1- Canción de Eurythmics: “Here comes the rain again”.
2- La Odisea, de Homero.
El camino de las Copas
Valentía. Quizá es mi fe. Mi creencia o mi confianza. Algo se estremece dentro de mí. Se inicia. Tengo que elegir. En ese cáliz se esconde mi esperanza. Un corazón noble que busca colorear el mundo, templar mi pensamiento, rendirme a la belleza. Delante de mí, un compañero. En sus ojos encuentro la urgencia de la unión. Y alzamos las copas, sentimos el fulgor que el calor otorga. Y luego, la abundancia, celebramos a la Tierra y su bondad, tres mujeres en el compañerismo necesario para avanzar con alegría hacia las raíces y las plumas. Pero las emociones son un océano. Cambiante. Observo a un hombre incapaz de agradecer, de leer las señales del firmamento, observa lo vacío, incapaz de Darse Cuenta que sólo a unos metros, la providencia lo asiste. Y más allá, un hombre de capa negra, el dolor intenso, tal vez el duelo, la herida, patria de cualquier ser humano. Pero “en las grietas está Dios, que acecha”1. Más allá, si bien la mente es traicionera, a veces el brillo de un recuerdo dulce es capaz de aliviar. Como lirios expectantes por recibirme, aquellas fotos luminosas que la memoria atesora. Y seguiré soñando, y alcanzaré mis sueños, mi voluntad y mi poder hacia allí se orientan. Pero sé: necesito comenzar a caminar, pasos lentos y seguros, la introspección capaz de alumbrar virtudes y vicios. Sigo mi intuición. Voy por mi transformación, con humildad. Arribo al final del camino, el banquete, espero a mis compañeros que auxilian, aconsejan, aman, compartimos las vivencias que cada quien elige. Y finalmente, la realización, mis emociones en equilibrio, integradas a mis pensamientos, deseos, acciones. Siento mi vida que se expande en el amor y la certeza de que el cielo y su misterio, acompañaron en mi peregrinación. Valentía.
1. "Para una versión del I King", poema de Jorge Luis Borges.
Casa astrológica XII
La última Morada, correspondiente al signo de Piscis.
No puedo evitar pensar en El Colgado, Carta XII, del Tarot Marsellés. Arcano del sacrificio por amor, la unión con Dios, la parada que implica la asimilación necesaria después de intensa peregrinación, que continúa hasta la Carta XXI.
También recuerdo las doce tribus de Israel, los doce apóstoles de Jesús, los doce meses, los doce signos, las doce Casas astrológicas. El doce evoca la idea de ciclo cumplido. Al igual que la Casa XII.
Una vez, un astrólogo rosarino, Gabriel Borla, me dijo: con planetas en XII tenés que entregarte a Dios. Fue hace varios años, sin embargo aún lo recuerdo. Es una especulación: en XII el ego se disuelve para fundirse en las aguas del Creador. Pero también es patria de encierros, hospitales, cárceles, espacios cerrados, pruebas que desgarran. E intensas sensibilidad e intuición.
En la antigüedad se consideraba de los enemigos ocultos.
El astrólogo Eugenio Carutti señala que los planetas en XII han recorrido un largo sendero -como el Tarot lo propone-, el cual implica que todos los arquetipos posibles -que encierran y a la vez revelan los planetas; como dioses que actúan de un modo, el signo; y en asuntos concretos, las Casas- están presentes en ella. También supone que, a modo de espejo, reflejan los arquetipos propios de aquellos que se acercan a quienes tenemos planetas en la Casa mencionada.
Según la astróloga Alicia Álvarez, los planetas en XII tratan de salir de las sombras, de encontrar su fulgor, apoyándose quizá en los aspectos benéficos, armoniosos, con otros planetas, relaciones como aliados capaces de estimular los dones escondidos.
Dicha morada al corresponder a Piscis puede implicar dos posibilidades: la elevación del signo, que podría tomarse como la vida monástica, quizá un tanto peculiar o, desde mi comprensión, la poderosa oscuridad de la energía pisciana: el ocultamiento, la mentira, la estafa material y/o emocional.
Desde mi experiencia, Venus, Mercurio y el Sol; es decir, la forma de amar y el impulso estético -término acuñado por Eloy Dumón- (sólo enunciaré los significados más sobresalientes) -Venus-; la mente concreta y la palabra -Mercurio-; la identidad, la parte iluminada de la mente, la integración -Sol-. Al menos en mí, entre muchas vivencias, han implicado: amores ocultos -Venus-, una manera peculiar de entender y expresar -Mercurio- y profundas confusiones respecto de quién soy -Sol-. Además pienso que me ha otorgado la bendición de la Poesía y la lectura del Tarot, entre otras artes.
Pero actualmente en la Astrología: -con Kepler se dividieron finalmente la Astrología de la Astronomía, según Carl Sagan- planetas, asteroides, puntos sensibles, Casas, ángulos, aspectos: pueden re-significarse, siendo compañeros en el proceso de autoconocimiento que alienta la milenaria correspondencia entre Cielo y Tierra: “como es arriba es abajo”.
Asimismo, la XII es el servicio desinteresado. La compasión por los animales grandes, por la naturaleza, por la humanidad. También el arte: cine, poesía, música; manera de trascender la sombra de la Casa que estamos exponiendo. Y se cree que es instancia de milagros, por ejemplo, decir o hacer que impacta mágicamente en otro, cambiando intensamente estructuras, convocando anhelos, sueños y descubrimientos, que seguirán su cauce; tal vez el poseedor de sus planetas en XII nunca lo sepa. Pero el Ojo que Todo lo Ve siempre sabe.
Una conclusión personal, quizá equivocada, quizá compartida, en la morada más misteriosa puede contemplarse la antigüedad del alma. Enuncio alma, desde la concepción católica: dimensión psíquica y emocional de cada ser. Lo que sí es territorio de la mayoría de los estudiosos de la Astrología es que en la profundidad del océano se esconden las perlas, se requiere valentía, prudencia y sobre todo introspección.
Al representar también espacios cerrados, siguiendo el sendero de una perspectiva luminosa, podría tratarse, por ejemplo, del caso de un consultorio donde el Terapeuta -con planetas en XII- acompaña a su paciente en la sanación. Y podríamos estar frente a un guía espiritual, un consejero, un artista -incluso consagrado como Madonna, como los amados David Bowie y Leonard Cohen-, y a quien la vida -como dice Benedetti- lo ha obligado, muchas veces, a parirse a sí mismo.
Duele la Morada, otorga el llanto y hasta el grito, pero acrecienta la empatía y el amor. Si hay que entregarse a Dios, hay que confiar, hay que creer: después de la tempestad arriba la plenitud.
No puedo evitar pensar en El Colgado, Carta XII, del Tarot Marsellés. Arcano del sacrificio por amor, la unión con Dios, la parada que implica la asimilación necesaria después de intensa peregrinación, que continúa hasta la Carta XXI.
También recuerdo las doce tribus de Israel, los doce apóstoles de Jesús, los doce meses, los doce signos, las doce Casas astrológicas. El doce evoca la idea de ciclo cumplido. Al igual que la Casa XII.
Una vez, un astrólogo rosarino, Gabriel Borla, me dijo: con planetas en XII tenés que entregarte a Dios. Fue hace varios años, sin embargo aún lo recuerdo. Es una especulación: en XII el ego se disuelve para fundirse en las aguas del Creador. Pero también es patria de encierros, hospitales, cárceles, espacios cerrados, pruebas que desgarran. E intensas sensibilidad e intuición.
En la antigüedad se consideraba de los enemigos ocultos.
El astrólogo Eugenio Carutti señala que los planetas en XII han recorrido un largo sendero -como el Tarot lo propone-, el cual implica que todos los arquetipos posibles -que encierran y a la vez revelan los planetas; como dioses que actúan de un modo, el signo; y en asuntos concretos, las Casas- están presentes en ella. También supone que, a modo de espejo, reflejan los arquetipos propios de aquellos que se acercan a quienes tenemos planetas en la Casa mencionada.
Según la astróloga Alicia Álvarez, los planetas en XII tratan de salir de las sombras, de encontrar su fulgor, apoyándose quizá en los aspectos benéficos, armoniosos, con otros planetas, relaciones como aliados capaces de estimular los dones escondidos.
Dicha morada al corresponder a Piscis puede implicar dos posibilidades: la elevación del signo, que podría tomarse como la vida monástica, quizá un tanto peculiar o, desde mi comprensión, la poderosa oscuridad de la energía pisciana: el ocultamiento, la mentira, la estafa material y/o emocional.
Desde mi experiencia, Venus, Mercurio y el Sol; es decir, la forma de amar y el impulso estético -término acuñado por Eloy Dumón- (sólo enunciaré los significados más sobresalientes) -Venus-; la mente concreta y la palabra -Mercurio-; la identidad, la parte iluminada de la mente, la integración -Sol-. Al menos en mí, entre muchas vivencias, han implicado: amores ocultos -Venus-, una manera peculiar de entender y expresar -Mercurio- y profundas confusiones respecto de quién soy -Sol-. Además pienso que me ha otorgado la bendición de la Poesía y la lectura del Tarot, entre otras artes.
Pero actualmente en la Astrología: -con Kepler se dividieron finalmente la Astrología de la Astronomía, según Carl Sagan- planetas, asteroides, puntos sensibles, Casas, ángulos, aspectos: pueden re-significarse, siendo compañeros en el proceso de autoconocimiento que alienta la milenaria correspondencia entre Cielo y Tierra: “como es arriba es abajo”.
Asimismo, la XII es el servicio desinteresado. La compasión por los animales grandes, por la naturaleza, por la humanidad. También el arte: cine, poesía, música; manera de trascender la sombra de la Casa que estamos exponiendo. Y se cree que es instancia de milagros, por ejemplo, decir o hacer que impacta mágicamente en otro, cambiando intensamente estructuras, convocando anhelos, sueños y descubrimientos, que seguirán su cauce; tal vez el poseedor de sus planetas en XII nunca lo sepa. Pero el Ojo que Todo lo Ve siempre sabe.
Una conclusión personal, quizá equivocada, quizá compartida, en la morada más misteriosa puede contemplarse la antigüedad del alma. Enuncio alma, desde la concepción católica: dimensión psíquica y emocional de cada ser. Lo que sí es territorio de la mayoría de los estudiosos de la Astrología es que en la profundidad del océano se esconden las perlas, se requiere valentía, prudencia y sobre todo introspección.
Al representar también espacios cerrados, siguiendo el sendero de una perspectiva luminosa, podría tratarse, por ejemplo, del caso de un consultorio donde el Terapeuta -con planetas en XII- acompaña a su paciente en la sanación. Y podríamos estar frente a un guía espiritual, un consejero, un artista -incluso consagrado como Madonna, como los amados David Bowie y Leonard Cohen-, y a quien la vida -como dice Benedetti- lo ha obligado, muchas veces, a parirse a sí mismo.
Duele la Morada, otorga el llanto y hasta el grito, pero acrecienta la empatía y el amor. Si hay que entregarse a Dios, hay que confiar, hay que creer: después de la tempestad arriba la plenitud.
Hombre -te habla Lilith-
Supe cosechar en comunión con la tierra
construiste el templo y la guerra
fui habitada por los dioses y profeticé
robaste mi voz
dijiste quién sería mi amado
dijiste que tenía que parir
lloré con la Luna
mientras leías y escribías
yo trataba de entender
mi sabiduría ardió en tu hoguera
en tus muros sigo siendo belleza
desde entonces no me dejás envejecer
conociste mis manos y las explotaste
negaste mi criterio
ocultaste mi canto
pero mi rugido
ahora es más fuerte que tu historia
y Dios nos forma del mismo barro.
construiste el templo y la guerra
fui habitada por los dioses y profeticé
robaste mi voz
dijiste quién sería mi amado
dijiste que tenía que parir
lloré con la Luna
mientras leías y escribías
yo trataba de entender
mi sabiduría ardió en tu hoguera
en tus muros sigo siendo belleza
desde entonces no me dejás envejecer
conociste mis manos y las explotaste
negaste mi criterio
ocultaste mi canto
pero mi rugido
ahora es más fuerte que tu historia
y Dios nos forma del mismo barro.
Abracadabra
Nombre oculto
fuego, tierra, aire, agua
números y annunakis
pentáculos y talismanes
rituales y danzas
círculos, triángulos, cuadrados
arcanos y mitología
rosas y diamantes
soles y planetas
elementales
cuánto más para que vengas
cuánta vida
quizá falta una oración
una palabra
un grito.
fuego, tierra, aire, agua
números y annunakis
pentáculos y talismanes
rituales y danzas
círculos, triángulos, cuadrados
arcanos y mitología
rosas y diamantes
soles y planetas
elementales
cuánto más para que vengas
cuánta vida
quizá falta una oración
una palabra
un grito.
Virgo
Una vez un astrólogo me preguntó, cuál consideraba el signo más misterioso. No acerté. Su respuesta me abrumó, pero al ir a la profundidad: pude entender. Virgo conoce el orden invisible, lo comprende y por eso decide servir, humildemente. Su imagen arquetípica es la joven virgen que recoge la cosecha. Agradecida por la abundancia y el amor de la Madre Tierra, que alimenta a bestias como a hombres bestiales, insectos como piedras, árboles y noches. Regido por Mercurio, Virgo sabe de los procesos mentales orientados a la discriminación, al igual que la joven discrimina el grano fértil de la totalidad. Fiel a su lógica, es capaz de caer en la hipercrítica. Signo de tierra, cualidad mutable. Sencillez. Orden. Yo analizo, sus palabras clave. Yo encuentro el resultado, como un fruto maduro listo a caer. Con eficiencia, con estudio, con método, Virgo sabe la importancia de su labor y desde allí, busca la perfección.
Plutón
Se lo considera un planeta enano: gira alrededor del sol, adecuadas masa y gravedad que configuran su forma circular, órbita que no es ajena a otros cuerpos celestes y no es un satélite. También se le llama Plutoide. De hielo y roca. Tan pequeño y sin embargo tan poderoso para la Astrología. Hades, le llamaban los griegos, dios del Hades, el Inframundo, territorio de las ánimas. Acompañado por su consorte, la bella Perséfone, hija de Démeter, diosa de la fertilidad de la Tierra. Al morir un griego, se colocaban en sus párpados monedas, pues era el pago para ingresar en el Hades. Quizá esta historia es un eco que nos recuerda la riqueza de Plutón. Riqueza que se oculta en la profundidad. Si se está dispuesto a bucear y enfrentar. Plutón es la transformación. Territorio del inconsciente y sus fuerzas. De las verdades ocultas que luchan por arribar al cielo. También son los cambios, que nos elevan o nos condenan al abismo. El final que no puede ser evitado. La Templanza, carta 14, del Tarot Marsellés, se asocia a Escorpio, signo que rige Plutón: un ángel que maniobra dos tinajas con el fluido vital, volviendo sutil, elevado, aquello que merece ser renovado.
Neptuno
Neptuno, helado y gigante. De anillos sutiles. Su camino alrededor del sol es de 164 años, aproximadamente. Poseidón para los griegos, dios de las aguas. En él todo es difuso. Como la niebla sobre los mares. Como la aparente tranquilidad de la superficie que esconde el maremoto próximo. Nada es lo que parece frente a Neptuno. Si bien no se relaciona con ninguna carta del Tarot Marsellés, yo elijo evocarlo en la Carta 10, La Rueda de la Fortuna, imagen donde una rueda gira sobre el agua, representando las fuerzas benéficas y maléficas de la naturaleza y del corazón humano, en la carne de dos seres, uno asciende (Hermanubis), el otro desciende (Thipón) y arriba, en equilibrio, la Esfinge, el eterno enigma. Como ya he escrito, venimos del agua y quizá deseamos volver a ella. Neptuno, astrológicamente, es el refinamiento, la inspiración de místicos y artistas, de médiums e idealistas. Al ser la octava superior de Venus: es el amor universal. Compasión. Empatía. La purificación y sutileza. También el cine. Neptuno es el chamán que nos habita, la apuesta de desplegar la espiritualidad y el trance.
Urano
Excéntrico en su eje de rotación, parece viajar alrededor del Sol casi acostado. Además de algunos gases, está compuesto por rocas y hielo. Acompañado por numerosos satélites. Anillos lo envuelven. Si bien no sé si es correcta esta asociación, en la mitología griega, Urano era el cielo que fertilizó a Gea, la Tierra. Padre de Cronos. Rige el signo de Acuario. Se lo considera el astro de la originalidad, de la genialidad, de la rebelión. Es la octava superior de Mercurio, es decir, la mente abstracta. Es el rayo que traerá la voz del creador. Es el guardián del misterio, reservado a quienes están dispuestos a ir más allá de lo establecido, de lo tangible, de lo aparente. Urano sabe más de lo que está dispuesto a revelar. Es libertad. Inspiración. También cambios abruptos. Se parece quizá a la lengua de fuego de la carta 16, del Tarot Marsellés, una leve referencia a la Torre de Babel, que es destruida por Dios. Aunque se cree que la torre de babel era uno de los inmensos templos babilónicos -zigurat-, consagrados a sus dioses. Mientras escribo, siento la energía uraniana, susurrándome: a veces hay que saber cortar con el pasado, sin desmerecerlo, pero sí evolucionando, la soledad es propia de los creadores, todo pasa y todo cambia, el mote de “loca” hay que merecerlo, pues se conquista a fuerza de invención y revelaciones.
Saturno
Apenas más pequeño que su vecino, Júpiter. Intensos los anillos que lo rodean. Gaseoso, de hidrógeno, pero se cree que su interior podría ser de roca. Acompañado por variedad de satélites. Relacionado con Chronos, el dios del tiempo, a veces con Cronos, la deidad griega que devoró a sus hijos y fue vencido por Zeus. Honestamente, no sé con quién relacionarlo. Ambos dioses me parecen convincentes. Saturno tarda aproximadamente 29 años en girar alrededor del Sol. Y se cree, en Astrología, que el retorno de Saturno a la posición natal del nativo genera intensas pruebas. Se parece al arcano sin nombre, del Tarot Marsellés, 13, cuyo esqueleto color carne prepara la tierra para que caigan mandatos, conceptos, vínculos, transformación que implica dolor, pero es un desgarramiento que será fértil. Aunque la carta del Tarot saturnina por excelencia se llama La Resurección, número 20, en ella, un niño es llamado a resucitar por la trompeta de un ángel, milagro y gracia. “Levántate y anda”, dijo Jesús. Y he leído que esta frase está más cerca de la humanidad de lo que creemos. “Levántante y anda”: a pesar de las pruebas, los dolores, los miedos: nunca olvides que la vida te convoca. Saturno, regente de Capricornio, se lo considera el sabio maestro, humilde, austero, cuya enseñanza se basa en los retos materiales. A veces serán pérdidas, a veces crisis en todas las dimensiones que nos hacen humanos. El planeta es estructura, límite, trabajo laborioso, autodisciplina, consciencia de la realidad y de uno mismo, reflexión, también miedos e inhibiciones, entre otros significados. El sabio anciano sabe recompensar a quien supera el terremoto. Saturno a veces duele, duele mucho, escribo desde mi experiencia, pero como dice La Historia sin Fin: “si ha de doler, ha de sanar”.
Júpiter
El planeta llamado Benéfico Mayor. Astro de expansión, regente de Sagitario. Lo que toca Júpiter se agranda. Relacionado con la religión, la filosofía, también con la curación, la Ley, la moral, la ética, lo próspero. Según algunos astrólogos representa el arquetipo del maestro, que transmitirá sus conocimientos, a sus discípulos, evitando que así se pierdan. Júpiter es el planeta con mayor tamaño de nuestro sistema solar. Tiene anillos. Es gaseoso. Acompañado por alrededor de sesenta satélites, siendo Europa la luna más famosa, pues está congelada y hay quienes suponen que debajo de su superficie podría haber agua y vida. En el Tarot de Marsella, la carta 4, El Emperador, está asociada a este planeta, Zeus, para los griegos, dios mayor, del cielo y de la tierra, portador del rayo. Quizá se lo asocia al Emperador por la estabilidad, la bondad, el tallarse a sí mismo hasta lograr el poder hacia afuera y hacia adentro, el misterio de su número, el 4, que nos recuerda las cuatro letras sagradas del nombre de Dios: que no pueden pronunciarse. Se cuenta que la estrella que siguieron los Reyes Magos, astrólogos, fue el fulgor de Júpiter. Es una bella metáfora que escuché: "buscamos a Dios mientras Dios nos busca a nosotros".
Marte
Ares para los griegos, detestado por todos los dioses del Olimpo, menos por Afrodita, atraída intensamente por el dios de la guerra. En el caso de los romanos, pueblo guerrero, Marte, en sus comienzos, tenía un aspecto diferente pues era relacionado con la valentía, la victoria y la abundancia de la Madre Tierra, luego fue concretamente divinidad de la guerra. En el caso de Grecia, no era respetado debido a su carácter débil, capaz de huir frente a instancias decisivas. Es el planeta que se observa con mayor facilidad: una estrella roja arrojada al inconmensurable firmamento. Marte es habitado por intensas tempestades. Deimos y Fobos, satélites que lo acompañan. En el Tarot de Marsella se lo asocia con la carta 11, La Fuerza, una mujer que con refinamiento abre las fauces de un león, quizá el principio de la Alquimia, transmutar nuestros pecados y vicios, el plomo, en virtudes y salud, el oro. Astrológicamente, regente de Aries, su color rojo, representa el avance, la energía de conquista hacia afuera, la ambición, el deseo, las ganas de llegar al objetivo, también la valentía y el impulso sexual. Necesitamos a Marte, aunque tenga mala fama, necesitamos la meta y la voluntad, el poder. A veces guerrear, en justa ley, por lo que anhelamos. Paracelso, cirujano, astrólogo, inventor, amante de las plantas, decía: “Nada es veneno, todo es veneno, la diferencia está en la dosis”. Siglos después, David Bowie se preguntaba: “¿Hay vida en Marte?"
Tierra
Madre Tierra
en tu piel me muevo
soy contenida en tu cuerpo
también flor.
El pequeño punto azul, le llamaba Carl Sagan. Los sumerios, cuna de la civilización, pueblo entre los ríos Eufrates y Tigris, contempladores del cielo, crearon un calendario de 360 días, los egipcios, hijos del Nilo: de 365 días. Aunque el tiempo, para nosotros humanitos, es relativo, a veces depende de la alegría, a veces del precipicio. El único satélite de la Tierra es la gentil Luna. Punto azul, hogar de humanos, animales, plantas, rocas. Hogar de vicios y virtudes. De oscuridad y belleza. Sus aguas pueden ser líquidas, gaseosas, congeladas. La vida comenzó en el agua, me recuerda a una frase teosófica, no es textual: somos la gota de rocío buscando volver a las aguas resplandecientes. Agua, que en el palo marsellés son las Copas: representantes de las emociones. En Astrología, existen las Cartas Geocéntricas y Heliocéntricas. Me gusta pensar que en el planeta que habitamos sus venas son de océano, su piel de montaña, selva o desierto, su centro fuego. Danzarina, gira sobre su eje, en 24hs aproximadamente. Planeta rocoso. Que por un azar, palabra que deriva del árabe y significa en principio, flor, por un azar desconocido, es viajante a la distancia justa del Sol, en el espacio preciso de un brazo espiral de la vía láctea. Milagro que muchas veces no recordamos. Como el milagro de un árbol, un ser humano, una hormiga, un yaguareté.
Venus
Cuando el poder del amor sea más fuerte que el amor al poder, el mundo estará en paz: decía Jimi Hendrix. Venus, Afrodita, para los griegos, diosa del amor y la belleza, nacida de la sangre y la espuma que los testículos de Urano configuraron en el mar, según algunas versiones. Es una hermosa historia, más allá de la castración y el horror. Como si el mito nos pudiera enseñar: la destrucción precede a la creación, en el oscuro fango se esconde el Loto. Venus es el planeta que sigue a Mercurio, se parece a la Tierra por su composición y tamaño, pero Venus arde, quizá para enseñarnos que la Tierra podría tener el mismo destino, si el efecto invernadero se acrecienta, alertaba Carl Sagan. Arde como Afrodita en búsqueda de su amante predilecto: Ares (Marte). Solitaria, cuya órbita es casi redonda, como si quisiera conservar la armonía que la caracteriza. En el Tarot Marsellés, rige la carta 3, La Emperatriz, primer personaje con un cetro de poder, el estallido de gracia, generosidad, creatividad, sensualidad, maternidad, generación. En Astrología, Venus es la manera de nuestro amor, cómo buscamos sanar las asperezas, qué nos atrae, y cómo atraemos, el impulso estético, también la buena suerte, por eso se le llama Benéfico Menor, entre otros significados. Recuerdo la pintura de Sandro Botticelli: Venere e Marte, Venus despierta observa al rendido Marte, mientas sus armas son robadas por los sátiros. El mundo no se mueve por dinero, el mundo se mueve por amor.
Mercurio
El pequeño Mercurio, más próximo al Sol. Pequeño e inteligente quizá Hermes, quién sabe, quién niega, Hermes: el dios griego mensajero de los dioses, correspondido a las pruebas más difíciles que los dioses delegaban en él. Intensa su elíptica. Como si supiera que el fuego purifica pero también destruye, alerta. Solitario, se muestra en el amanecer y en el crepúsculo. Mercurio rige, en el Tarot de Marsella: las cartas 1, El Mago, y la carta 17, La Estrella. En el caso de la primera nos trae el potencial, el inicio, el talento, la búsqueda espiritual; en el caso de la segunda, nos trae la belleza, la gracia, la conexión con la naturaleza y la apertura a las verdades cósmicas. Quizá su cercanía al Sol nos habla de esto. Quizá su recorrido nos da cuenta del mensaje del astro rey. El Sol nunca estará solo, tampoco su virtud. En Astrología se considera planeta personal, representa la comunicación, la manera en que los sentidos reciben el afuera, los traslados cortos, la manera en que pensamos, la mente concreta. También puede dar cuenta de los hermanos. Hermes fue el inventor de la lira, jovial, divertido, versátil, amistoso. Mercurio, a una distancia suficiente para que las llamas no lo hieran. Rocoso. Y al igual que la Luna es habitado por impactos de meteoritos. El planeta posee la cuenca de Caloris, la hondura mayor, resultado del impacto de este fenómeno. Pero eso no bastó para que el planeta pierda su estructura, su rapidez y por qué no, su belleza.
Luna
Galáctica, sideral,
brillante
hermana trovadora
que renaces cada tanto
y lentamente mueres
emocional
rápida
caminás por los signos
y un perro y un lobo te invocan
un cangrejo saldrá del agua en mi camino
iluminado por tu piel
vos, que salís atada por la noche
y sembrás la locura en las mujeres
y los hombres
intuición
vos
ancestral
grande en tu gesto de mostrarte a todos.
hermana trovadora
que renaces cada tanto
y lentamente mueres
emocional
rápida
caminás por los signos
y un perro y un lobo te invocan
un cangrejo saldrá del agua en mi camino
iluminado por tu piel
vos, que salís atada por la noche
y sembrás la locura en las mujeres
y los hombres
intuición
vos
ancestral
grande en tu gesto de mostrarte a todos.
El único satélite de la Tierra. A 384 400km. de lejanía. Su gravedad es tan fuerte que provoca la
fluctuación de las mareas. Su movimiento de traslación es de 28 días
aproximadamente. Por eso siempre ostentó su forma femenina, misteriosa. La Gran
Madre. Receptiva a la luz del sol, que conserva y refleja. Selene, para los griegos, también Hécate, la
diosa hechicera, lunar, representante de todo el saber femenino: doncella,
madre, anciana. La Luna rota en sí misma y es veloz para atravesar cada signo
del cordón zodiacal. Su movimiento respecto del Sol provoca sus fases. Siendo
la Luna llena la más profunda para soñadores y trovadores, románticos y magos,
sensibles e intuitivos. Su diámetro es de 3476 km. Habitada por surcos y
cráteres. En el Tarot Marsellés es el principio receptivo, la poesía, la magia,
los líquidos, el mundo inconsciente, los sueños, los viajes a través del mar, la
fertilidad, entre otros significados. En Astrología representa a las mujeres
relevantes de la vida, el hogar, la patria, la manera en la que nos sentimos
seguros, la parte oscura de la mente, las emociones, el mundo anímico, las
respuestas instintivas. Los cristianos la consideran la Virgen María. Quizá
porque la nutricia Luna da hechizo al milagro.
Sol
Chispa divina
de mi pecho buscador
realizador
aún en sombras
virtuoso calor que anima mis piernas.
Sol, bondadosa estrella, cuya luz y calor glorifican lo que crece, lo que persiste, junto con la sabia Luna. Nacido hace 4650 millones de años aproximadamente. Nuestra amada Tierra viaja en su órbita a una distancia de 150 millones de km. de la luminaria. Lo sensato se realiza en compañía del Sol. Como nos enseñan los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Salvo Nicodemo, que acudió en la noche a Emanuel, salvo la encarcelación de Jesús, también por la noche. Se lo considera una estrella enana. En el Tarot Marsellés es victoria, honor, fraternidad, principio activo, entre otros significados. En Astrología es el planeta más importante, algunos especulan que hacemos un recorrido hasta llegar al Sol. Es la integración de uno mismo, aquello que nos hace peculiar, algunos lo piensan como la parte iluminada de la mente, aquello que deseamos lograr a futuro. La manera del fulgor. También el arquetipo de padre y de emperador. Vitalidad y carisma. Bondad y claridad. Los obeliscos egipcios eran construidos para recibir la energía del Sol. Todos los pueblos antiguos lo adoraron. Y aún hoy, es celebrado por quienes sienten que el Sol es el virtuoso calor que anima nuestras piernas.
Aries
Rige la cabeza, o al menos eso intentará. El liderazgo. Al igual que Marte, su planeta regente, en su carrera por honor, por abundancia, según los romanos, también por Venus. El amor es lo único que vencerá a la guerra. Su imagen es el carnero, el macho no castrado de la oveja. Sus cuernos arremeten con fuerza, al igual que un Aries defiende su causa. Rojo, su color. Yo soy, sus palabras clave. Cardinal, su cualidad. Le atrae iniciar, pero le cuesta perdurar. El rencor le es desconocido, perdona y olvida. Leal hacia los que ama. Es impaciente, testarudo. Y profundamente franco. Aries no podrá evitar que la totalidad de su cuerpo se estremezca frente a quienes detesta. No disimulará. La libertad es su tesoro más preciado, al igual que la aventura. Su entusiasmo y energía son contagiosos. Su sentido innato de justicia es poco conocido: un ariano, impulsivamente, se lanzará entre las llamas por salvar tanto un ser querido como a un desconocido.
Piscis
Romántico. Intensamente sensible. Intuitivo. Permeable al ambiente que lo rodea. Su imagen: los dos peces. Un pez hacia un lado, el otro hacia el lado contrario. Quizá nos están enseñando que Piscis es un signo doble, en él la lucha vital: el vicio o la virtud, como la carta VI, El Enamorado, del Tarot de Marsella. Signo con la mejor fama, para los que desconocen que es el signo con la peor sombra del zodíaco. Pero no hablaré de su monstruosidad, hablaré de su virtud, como lo he hecho con los signos anteriores. Los peces sienten elevada empatía por el mundo, la humanidad, la naturaleza. Es difícil saber qué le pasa verdaderamente a un pisciano, es como el agua, cuya superficie calma puede esconder remolinos y tensiones. Como si en la superficie, Poseidón y debajo, Thipón. Aún así, se destacan por su gentileza, su solidaridad, su amor que pareciera ilimitado. Al igual que su compasión. Al igual que sus sueños.
Acuario
El aguador que derrama sus aguas, sobre todo, sobre todos.
Me recuerda la carta 17 del Tarot Marsellés, La Estrella, una mujer desnuda
cuyas vasijas vierten el fluido vital en la tierra y en el agua. De alguna
manera, el aguador hace lo mismo. Purifica. Signo de aire, cualidad fija.
Habitado por intensos sentimientos humanitarios. Regido por Urano. Sabe que
conocer el orden es el primer paso para destruirlo, o mejor dicho, para crear
algo nuevo, diferente. Fraternal, amistoso. A veces desapegado. A veces su
mirada hacia el pasado, pero es más poderosa su mirada hacia el futuro. Es
inventivo. Su tendencia es más bien científica. Independiente. Extravagante. Original.
Revolucionario. Como el rayo que Urano descarga para alumbrar lo invisible. La
libertad es preciada por Acuario, la posibilidad de avanzar con sus ideales, la
certeza de que todos somos iguales, uno con el mundo y su realidad, capaz de
ser cambiada por una Tierra luminosa y justa.
Capricornio
La cabra saliendo de las aguas, airosa de la tempestad. En algunos casos su imagen arquetipica conserva una cola de pez. Regido por Saturno. Cualidad cardinal. Signo de tierra. Emprende con cautela. Me recuerda a la cabra Amaltea, que amamantó al pequeño Zeus. Se dice que rige las rodillas, entre otros órganos. Capricornio se impondrá una meta y a fuerza de trabajo, perseverancia y tiempo: la alcanzará. Eficiente para todo lo que implique administración. Su constancia es quizá la virtud más característica. Sus metas, sus proyectos, tendrán la sabiduría de quien camina tenazmente por ello. Quizá se pierda conservando mandatos o se apegue a lo material. Pero en su aspecto más elevado será quizá la practicidad, una de las cualidades más sobresaliente que lo llevará hasta su objetivo. Sabrá de límites, estructura y, en pocos casos, de liderazgo. Como ya lo enuncié, la cabra saldrá airosa de la tempestad, tal vez para enseñarnos que la paciencia es necesaria, útil y nutricia para afrontar el abismo.
Sagitario
El último signo de Fuego. Cualidad mutable. El centauro. Mitad hombre, mitad animal. Legado de la mitología griega. La inteligencia de la humanidad y la potencia de los animales. Su flecha apunta al cielo, al igual que un mago, cuya varita apunta a la divinidad. Busca lo elevado. De gran optimismo, avance, impulso. Regido por Júpiter, el Benéfico Mayor. Puede fugarse en la diversión. Sabe de viajes, físicos y mentales. Quizá buscará rituales y ceremonias. Desplegará generosidad. Conocerá el estudio, tal vez la religión, la filosofía, aquello que lo acerque a Dios. Las caderas y los muslos, algunos de los órganos que rige. Necesita velocidad, necesita dinamismo. La libertad es el combustible para elegir su senda. Everything is gonna be alright, podrían ser sus palabras clave aunque se reconoce el “Yo veo”. Veo aquello que está arriba, sin perder mis raíces, ni mi fuego que se adhiere a la verdad que profeso. A la evolución que persigo. Podría decir el centauro.
Escorpio
Observa en silencio, examina y luego, da su veredicto sagaz. Es intenso. La pasión es parte de su estructura, igual que el magnetismo. De profunda intuición. Pero también de enrosque cuando no comprende lo que ocurre fuera de él. Su imagen arquetipica es el escorpión, quizá por la resistencia, quizá porque sabe dónde clavar el aguijón. De mala fama, al igual que Aries. Es incomprendido. Su regente antiguo es Marte, su regente moderno es Plutón. Escorpio es la energía de la transformación, se parece a la alquimia, la dura y extensa tarea de convertir el plomo en oro. Emocional. En parte acuático, en parte volador. Su curiosidad es el timón que guía sus pasos. Los órganos sexuales y el recto, algunos de los órganos que rige. Yo transformo, sus palabras clave. También otra de sus imágenes es el águila, cuando logra dominar aquello que lo encarcela, que lo limita, que lo estaquea a la tierra infértil, se eleva, con la vista que recibe la totalidad y su milagro.
Libra
La balanza que pesa y sopesa. Como la balanza de la
Justicia, carta 8 del Tarot de Marsella, en dicha carta, la mujer sentada en un
trono, también lleva una espada, con ella restablece el equilibrio. Hijo de Venus,
signo de artistas y buscadores de la belleza. Cualidad cardinal, inicia. Libra
observa un extremo y el otro, encuentra la síntesis. Es el primer elemento
creado por los hombres. Libra también buscará la armonía, seguirá su ideal. Es
gentil y bondadoso. Azul y verde sus colores. Yo equilibro, sus palabras clave.
Aprende lentamente, quizá sin decirlo, pero aprende la profundidad. Al ser aire,
su territorio también será la apuesta que se gesta en la inteligencia y el conocimiento. Dudo que arremeta con violencia frente a la herida. Quizá compone,
quizá crea, quizá ama aún en el dolor. La cortesía, comunicación, y diplomacia
son territorio de este signo. Al igual que la búsqueda de equidad, de paz, los
modos suaves. Incluso el estilo de moda es armonioso y bello. Rige los riñones,
que al igual que Libra, saben conservar aquello que nutre y desechar aquello
que intoxica o no es útil.
Leo
Fuego. Fijeza. El león. El emperador. Que conectado a las verdades cósmicas, ruge para instaurar la justicia y el orden en sus dominios. Regido por el Sol, cuyo metal es el oro. Yo quiero, sus palabras clave. Asusta su cercanía, avasalla con su seguridad. Puede ser habitado por la opulencia y el brillo dorado. Excesivo. Puede pretender mucho. De intenso orgullo y liderazgo. Pero de profunda generosidad y lealtad hacia los que ama. Sabe sobre la venganza. Es implacable. Su carisma y vitalidad son las llamas que se amarran a su deseo. Me recuerda a los reyes asirios, la ferocidad que arremete, devora, conquista. Pero detrás de la aparente bestialidad, un corazón tan grande como los territorios que ha ganado, a fuerza de inteligencia, estrategia y coraje. Si es herido, no lo olvidará. Si atacan a su clan, tampoco. Las garras y los colmillos listos en el avance. La sangre despierta. El corazón, órgano que rige Leo, listo a defender lo que conserva, lo que protege, lo que ama.
Cáncer
El cangrejo, su imagen arquetípica, quizá saliendo del
estanque como en la carta del Tarot Marsellés, La Luna. Tan sólido por fuera,
tan blando por dentro. Como ciertos huesos, cuya dureza preserva lo más
delicado, la médula ósea. Regido por la gran Madre, la Luna, quizá por eso la
nostalgia, la fidelidad al clan, la mirada hacia al pasado, la sensibilidad, el
apego a la tradición y la patria. También la intuición, dimensión de los
signos de agua. Quizá se calle, quizá se envista de una armadura, quizá llore
en soledad y lejanía. Susceptible, soñador, romántico. Pero tiene tenazas,
sabe protegerse, y emprende y protege desde su mundo anímico. Dudo que
ataque. La agresividad no es dominio de Cáncer, así lo veo. Tal vez su estómago hable. Duela.
Pero la Luna es bondadosa, el agua constantemente se transforma y la vivencia
de sus sentimientos puede hacerlo llegar a esa raíz donde nadie puede entrar, virgen,
pura, al igual que su color, el blanco.
Géminis
El signo de los gemelos. Los primeros humanos de la rueda de animales, eso significa zoodíaco, que viene del griego. Dos seres. Quizá por la versatilidad. Quizá por las dos caras. Regido por Mercurio, Hermes para los griegos, el dios de la comunicación, el movimiento, mensajero de los dioses, inventor de la lira, escurridizo, inteligente, protector de ladrones y comerciantes. Géminis es aire. Aire es pensamiento. Implica la potencia de viajar al pasado, al presente, al futuro. Signo de intelectuales, de aquellos que gustan de conectar conceptos, hechos, personas, lugares. Disperso. Cualidad mutable, es decir sabe transformarse, adaptarse. Intensamente ágil en sus pensamientos y revelaciones. Rápido respecto de su cuerpo. Un tanto desapegado. Mental más que emocional, o al menos así lo demuestra. Quizá esconde el as. Nunca se sabe. Géminis es Yo pienso. Amarillo, su color. Y vital, para cualquier pensador, capaz de materializar sus saberes: los gemelos son las manos.
Tauro
Isis llevaba a veces el disco solar entre cuernos de toro, que denotaban su grandeza y poder. La Gran Maga. La Gran Diosa egipcia. Madre. Fertilidad y naturaleza. El toro, compañero de la vaca, penetración, potencia, vida que se alarga. El toro es Tauro, en su imagen arquetípica. Yo tengo, sus palabras clave. La semilla fue plantada por Aries, ahora empieza a relacionarse con su ambiente. La bondadosa tierra, la lluvia con la que el cielo bendice, el viento que llega a todas partes. Tauro crece. Tauro es cauteloso y práctico. Avanza a pasos lentos, pero es capaz de arremeter cuando el afuera es rojo. Sin embargo, sin ser molestado, es hijo de Venus, confiable, leal, amoroso. Su color es el verde. Sabe contemplar la belleza. Sabe disfrutar de la vida que se abre en su fulgor y riqueza. Tiene la fijeza necesaria para conservar lo que la Madre Tierra otorga y promete. Es paciente. Es persistente. La voz es dominio de Tauro.
Los 22 arcanos del Tarot Marsellés
Una vez me dijeron: el Tarot es un viaje de ida. Yo agregaría también que es otra dimensión. Una donde la gracia y la sabiduría configuran otro tiempo y espacio. La peregrinación por los 22 arcanos mayores del Tarot de Marsella requiere valentía y prudencia. No es fácil descubrir que detrás de cada personaje, cada fuerza, se esconde un tesoro oculto capaz de revelarse si uno se mantiene alerta. Receptivo, como nos enseña la antigua Luna.
Comenzamos con la carta 0, energía sin principio ni fin, la locura del amor que desconoce límites, El Loco, la libertad y la inocencia, la mirada clara de que sigue su estrella, la lógica de quien es uno con la totalidad y emprende y avanza. Arte. Fuego Sagrado, como me gusta llamarle.
La carta 1, la fuente, el inicio de un joven Mago que dispone de sus pensamientos, sus acciones, sus emociones, sus deseos, el buscador espiritual capaz de construir su propio destino, en los márgenes que Dios dispone.
El 2 como polaridad, principio receptivo, la Sacerdotisa que custodia el misterio, ella nos enseñará que la introspección es necesaria para acercarse al templo.
El 3 es resultado, La Emperatriz en su estallido de belleza, naturaleza y bondad, la sensualidad, el primer personaje que lleva un cetro. Generación.
Pero aquel brote creativo ha de ser custodiado y guiado por El Emperador, número 4, el cuadrado, la estabilidad, el dominio de la materia. Y la riqueza.
Más allá el dominio de la espiritualidad que nos trae El Papa, 5, la bendición, la enseñanza práctica y oral, la ética, el criterio.
En El Enamorado, 6, la elección: voluntad y poder al servicio del bien o al servicio del egoismo: virtud o vicio.
En El Carro encontramos al joven mago, ya triunfador, seguro de sí mismo, mostrándose al mundo, 7.
La carta 8 es la Justicia, que nos mira a los ojos pues sabe las causas que hemos sembrado, y sus efectos.
Llega el Hermitaño, 9, guiado por la luz de su alma, protegido por su capa, las dudas materiales aún presentes en un sabio. Él no encandila, camina humilde, con pasos lentos.
La Rueda de la Fortuna, carta 10, la enseñanza de que sólo permanecen el cambio y el amor, también la rueda del Karma, cuya esfinge mantiene el equilibrio de las fuerzas benéficas y maléficas en el corazón y en el afuera de cada hombre.
La Fuerza, 11, el principio de la Alquimia, la hechicera que abre con refinamiento las fauces de un león, la bestialidad ha de transformarse en oro.
El Colgado, cuyo número, el 12, nos trae un ciclo, de meses, de signos, de las tribus de Israel, de discípulos de Jesús, también se le llama El Apostolado, nos trae el sacrificio por amor, es un fruto maduro de cabeza a la tierra, que abandonó toda pretensión mundana, está asimilando, está encontrándose con Dios.
Más tarde, la gran transformación, el arcano sin nombre, número 13, el esqueleto color carne que nos invita a soltar viejos mandatos, deberías, conceptos, situaciones, vínculos; implica dolor, pero es un dolor que será fértil.
Después del desgarramiento: el ángel de La Templanza, con las alas bien abiertas, las dos jarras: el fluido vital, también el caudal del pensamiento, hay que templar, hay que purificar con la ayuda de la protección del emisario de la divinidad, 14, que nos otorga la sanación.
Ver en los ojos de nuestros pecados, El Diablo, carta 15, hermafrodita, salvaje, quien también todo lo ve, traicionero pero leal a la perla que se esconde en la profundidad, puede haber genialidad, misticismo, sexualidad.
La Torre, 16, que intentó llegar al cielo, alcanzada por el rayo de fuego, la energía se libera, la base sigue siendo un círculo donde las sombras no son capaces de entrar.
La Estrella, la esperanza, carta 17, la joven mujer cuya desnudez es iluminada por los astros, embelleciendo las aguas y su vida, en comunión con la naturaleza, como un chamana.
La gran Madre, 18, La Luna, poesía, magia blanca, intuición, videncia, el principio receptivo en su intensidad. Lobo y perro que aúllan, el cangrejo saliendo del estanque.
Después de la noche, 19, la luz y su calor, la bondad del Sol, todo florece y se ilumina, se clarifican las ideas y quizá las emociones, hay triunfo, hay honor, hay fortuna, gracias Padre Sol por tu caricia.
Carta 20, El Juicio, somos convocados a la resurrección, vida nueva que no desmerece el pasado, lo integra, el niño despertando de su tumba, es llamado por el ángel, mientras sus padres nos recuerdan que cada ser humano es cuerpo, alma y espíritu. Es el milagro, la unión de la familia, que agradece, que cree, que escucha.
Y la consumación, la recompensa del extenso viaje, carta 21, El Mundo, la danza final, la mujer dentro de la elíptica de laureles, rodeada por un ángel, un águila, un buey, un león; alegría y verdad, el Universo que se expresa en los cuatro elementos, fuego, tierra, aire y agua, y la mujer, quizá hermafrodita, con su varita naranja, el color de la espiritualidad; hemos llegado, hemos vencido, el alma triunfó sobre lo vulgar, el viaje ha terminado o ha empezado, depende del coraje y la búsqueda.
Comenzamos con la carta 0, energía sin principio ni fin, la locura del amor que desconoce límites, El Loco, la libertad y la inocencia, la mirada clara de que sigue su estrella, la lógica de quien es uno con la totalidad y emprende y avanza. Arte. Fuego Sagrado, como me gusta llamarle.
La carta 1, la fuente, el inicio de un joven Mago que dispone de sus pensamientos, sus acciones, sus emociones, sus deseos, el buscador espiritual capaz de construir su propio destino, en los márgenes que Dios dispone.
El 2 como polaridad, principio receptivo, la Sacerdotisa que custodia el misterio, ella nos enseñará que la introspección es necesaria para acercarse al templo.
El 3 es resultado, La Emperatriz en su estallido de belleza, naturaleza y bondad, la sensualidad, el primer personaje que lleva un cetro. Generación.
Pero aquel brote creativo ha de ser custodiado y guiado por El Emperador, número 4, el cuadrado, la estabilidad, el dominio de la materia. Y la riqueza.
Más allá el dominio de la espiritualidad que nos trae El Papa, 5, la bendición, la enseñanza práctica y oral, la ética, el criterio.
En El Enamorado, 6, la elección: voluntad y poder al servicio del bien o al servicio del egoismo: virtud o vicio.
En El Carro encontramos al joven mago, ya triunfador, seguro de sí mismo, mostrándose al mundo, 7.
La carta 8 es la Justicia, que nos mira a los ojos pues sabe las causas que hemos sembrado, y sus efectos.
Llega el Hermitaño, 9, guiado por la luz de su alma, protegido por su capa, las dudas materiales aún presentes en un sabio. Él no encandila, camina humilde, con pasos lentos.
La Rueda de la Fortuna, carta 10, la enseñanza de que sólo permanecen el cambio y el amor, también la rueda del Karma, cuya esfinge mantiene el equilibrio de las fuerzas benéficas y maléficas en el corazón y en el afuera de cada hombre.
La Fuerza, 11, el principio de la Alquimia, la hechicera que abre con refinamiento las fauces de un león, la bestialidad ha de transformarse en oro.
El Colgado, cuyo número, el 12, nos trae un ciclo, de meses, de signos, de las tribus de Israel, de discípulos de Jesús, también se le llama El Apostolado, nos trae el sacrificio por amor, es un fruto maduro de cabeza a la tierra, que abandonó toda pretensión mundana, está asimilando, está encontrándose con Dios.
Más tarde, la gran transformación, el arcano sin nombre, número 13, el esqueleto color carne que nos invita a soltar viejos mandatos, deberías, conceptos, situaciones, vínculos; implica dolor, pero es un dolor que será fértil.
Después del desgarramiento: el ángel de La Templanza, con las alas bien abiertas, las dos jarras: el fluido vital, también el caudal del pensamiento, hay que templar, hay que purificar con la ayuda de la protección del emisario de la divinidad, 14, que nos otorga la sanación.
Ver en los ojos de nuestros pecados, El Diablo, carta 15, hermafrodita, salvaje, quien también todo lo ve, traicionero pero leal a la perla que se esconde en la profundidad, puede haber genialidad, misticismo, sexualidad.
La Torre, 16, que intentó llegar al cielo, alcanzada por el rayo de fuego, la energía se libera, la base sigue siendo un círculo donde las sombras no son capaces de entrar.
La Estrella, la esperanza, carta 17, la joven mujer cuya desnudez es iluminada por los astros, embelleciendo las aguas y su vida, en comunión con la naturaleza, como un chamana.
La gran Madre, 18, La Luna, poesía, magia blanca, intuición, videncia, el principio receptivo en su intensidad. Lobo y perro que aúllan, el cangrejo saliendo del estanque.
Después de la noche, 19, la luz y su calor, la bondad del Sol, todo florece y se ilumina, se clarifican las ideas y quizá las emociones, hay triunfo, hay honor, hay fortuna, gracias Padre Sol por tu caricia.
Carta 20, El Juicio, somos convocados a la resurrección, vida nueva que no desmerece el pasado, lo integra, el niño despertando de su tumba, es llamado por el ángel, mientras sus padres nos recuerdan que cada ser humano es cuerpo, alma y espíritu. Es el milagro, la unión de la familia, que agradece, que cree, que escucha.
Y la consumación, la recompensa del extenso viaje, carta 21, El Mundo, la danza final, la mujer dentro de la elíptica de laureles, rodeada por un ángel, un águila, un buey, un león; alegría y verdad, el Universo que se expresa en los cuatro elementos, fuego, tierra, aire y agua, y la mujer, quizá hermafrodita, con su varita naranja, el color de la espiritualidad; hemos llegado, hemos vencido, el alma triunfó sobre lo vulgar, el viaje ha terminado o ha empezado, depende del coraje y la búsqueda.
El Papa
"Los Magos representan a los hombres y a las mujeres en busca de Dios en las religiones y filosofías del mundo entero, una búsqueda que no acaba nunca."
Papa Francisco
Más. Un paso más. Necesario. Vital. Frente a mí, el Papa. Entro en silencio en el templo, sus dos columnas me recuerdan la Ley a la derecha y la Libertad a la izquierda. Ley contenida en la Biblia, Libertad de elegir mi camino, la causa que siembro a cada paso. Regalo de crear mi destino, un mago imitando al creador. No estoy sola en la catedral, un joven está siendo aconsejado por el Papa. Ansiosa espero mi turno, tengo tanto por decir. Tanto por ser perdonado. Él parece haber intuido mi pensamiento pues me mira con los ojos bien abiertos. Ese hombre tiene fuego ariano en la mirada. Un fuego flamante, aguerrido. Necesario para el imperio de lo espiritual, parece decir. Para la apertura y la entrega que demanda el sacerdocio. La enseñanza exotérica. La comprensión y la empatía. Lleva la corona pontifical. Es la autoridad humilde que cuidará su rebaño. El pastor cuya inteligencia y bondad encontrarán a la oveja perdida. No lleva guantes. Los actos del Papa son en comunión con el orden que la compasión requiere. Lleva la cruz. Con su otra mano hace la bendición. Venimos por su ética, que le permite el criterio y la capacidad de juicio. Es su saber, su profundo conocimiento de la verdad y la belleza, la verdad y la amargura, la verdad y esperanza: lo que venimos a buscar. Cerca del Papa me siento reunida en mi fe. En mi manera de acercarme a Dios y a mis hermanos. Como el sol, integrándose a un enigma latente en la plenitud y el dolor de cada ser. Siento la reconciliación y ternura del joven. Es mi turno ahora. Asumo: tengo tanto por aprender.
Donde Dios acecha
-A Brian y Alba-
“Si ha de sanar, ha de doler”,
La Historia Sin Fin.
El dolor puede ser fértil. Aún en las sombras se puede ofrendar el alma, sin que se quiebre, dispuesto a la enseñanza. Siempre hay una grieta donde acecha Dios, dice Borges. Yo vi la grieta o la grieta me vio a mí.
Entiendo que el sufrimiento a veces es una elección. Quizá tenga que ver con aquellos núcleos que necesitan la figura de una víctima, la predisposición a la negación, al rencor.
Según el Taoísmo, el sabio no se apega ni a la felicidad ni a la desgracia porque sabe: son pasajeras “a la contracción precede necesariamente la expansión. A la blandura precede la dureza y la fuerza. A la ruina precede la prosperidad”.
Pero no soy sabia y cae sobre mí el recuerdo de los que perdí. Poco importan estas líneas. Lo cierto es la ausencia. No todos estamos llamados a resignificar la herida. Tan simple y a la vez, tan complejo.
En el arcano sin nombre del Tarot de Marsella, un esqueleto con guadaña siega la tierra preparándola para lo que viene, es una metáfora de la circunstancia en la que deben caer viejos mandatos, hechos, vínculos; preparar el territorio interno para algo nuevo, proceso que implica dolor. Es una instancia intensa, que desembocará en la carta siguiente: La Templanza, el ángel del tiempo, que manipula el fluido vital, las energías negativas y positivas, bendiciendo, purificando, otorgando equilibrio y sutilidad. Hay que pasar la noche oscura hasta llegar al amanecer.
Astrológicamente la llaga se piensa desde Saturno, el sabio anciano, cuyas pruebas materiales nos ofrecen sentido de realidad, deber y disciplina. Pruebas de extrema dureza, hay restricción, hay miedo, hay abismo. Pero el planeta sabe recompensar a quien supera con humildad, la prueba. También Plutón se vincula al dolor, a los retos: a las verdades ocultas que salen a la luz para transformar el mundo psíquico, a la regeneración y a los fines e inicios, al viaje hacia el Inframundo.
Si ha de transformarse, he de gritar. Como el mito egipcio y luego griego de Fénix, el ave que renacía de su ataúd de ceniza. Como una mariposa despierta al calor del sol después de su metamorfosis. Como cantaba la Negra Sosa sobre la cigarra, que cambia su armadura de un trazo para prolongar su vida. Renacer, en una carne nueva, un alma limpia que sabrá volar por nuevas constelaciones.
Cae el peso de la ausencia sobre mí. El amigo que no pudo más. La joven de mirada clara que no pudo más. Quizá ellos deberían escribir esto. Yo intento transformar. Escribo. Con cada sutura y cada silencio. Cada lágrima y cada desgarramiento. Yo sé, siento, mi rugido de animal herido tuvo un para qué, un sentido luminoso que me acerca al rugido del otro, que me hace comprenderlo, estar en su dimensión: porque yo también no pude más, porque también pensé que la muerte era la única respuesta. Sé, siento, en las grietas Dios acecha. Nacen pájaros en mí cuando el recuerdo de mi amigo y su alegría, cuando la joven de mirada clara y su inocencia. Dios acecha en el amor.
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